Una introducción al razonamiento económicoPor David Gordon
1 - 2 - 3 - 4 - 5 - 6 - 7 - 8 - 9 - 10 - 11 - 12 - 13 - 14 Capítulo 7: Salarios mínimos y control de salariosEn realidad, este capítulo es innecesario. Si hemos estudiado cuidadosamente el capítulo anterior acerca de los “controles de precios”, éste nos ofrecerá pocas sorpresas. Pero los salarios son un asunto tan “candente” que se necesita darles un tratamiento más extenso. Con los precios, la queja habitual es que son “demasiado altos”. Con los salarios, el asunto es distinto. Son “demasiado bajos”: los ricos son cada vez más ricos y los pobres, cada vez más pobres. Habremos oído sin duda comentarios acerca de las diferencias en ingresos. ¿Es un problema real? Como veremos, hemos aprendido ya suficiente para analizar el impacto de las interferencias gubernamentales y en las negociaciones salariales.
Una digresión acerca de la igualdadEsto es un libro de texto de economía, no un tratado filosófico –aunque nos gustaría olvidarlo. Pero nos ayudará a nuestro estudio de la economía si observamos una asunción filosófica a menudo no examinada. Cuando la gente se lamenta de la distancia entre ricos y pobres, asumen que el estado ideal sería la igualdad. No podemos tener una igualdad completa, concede la mayor parte de la gente, pero deberíamos llegar lo más cerca posible sin sacrificar demasiado en productividad. Arthur Okun, un destacado economista de izquierda, habla de un “acuerdo igualdad-eficiencia”.
Más acerca de la igualdad¿Pero por qué la igualdad ha llegado a ser de forma incontestable algo bueno? Podríamos pensar que la respuesta es evidente. Supongamos que alguien no tiene casa y pasa hambre y un multimillonario pasa ante él sin prestarle atención. ¿No es injusto?
Un ejemplo mal elegidoUn buen ejemplo de filosofía nos ayuda a comprender exactamente cuál es el asunto en discusión. Un mal ejemplo nos confunde: mezcla juntas dos o más cosas. Recordemos que en lo que estamos interesados en este momento es en el (supuesto) valor de la igualdad. Un ejemplo que trate de mostrarnos que la igualdad es importante debería referirse exclusivamente a la igualdad –a nada más. Bajo este criterio, el ejemplo del millonario y el mendigo no resulta demasiado bueno. ¿Podemos ver por qué? Este ejemplo apela ilegítimamente a un enfoque moral que podemos compartir –esto es, que no es deseable que la gente esté en la miseria. Pero incluso aunque compartamos ese punto de vista, no demuestra que la igualdad sea algo bueno. Para verlo, podemos cambiar el ejemplo de forma que sólo contemple la igualdad. Consideremos dos personas, un millonario y un billonario. ¿Hay algún problema ético sólo porque el billonario es inmensamente más rico que el pobre millonario? Si pensamos que no, ¿qué significa esto acerca de la importancia de la igualdad?
De vuelta a la economía¿Qué determina las tarifas salariales en el mercado libre? Un chiste habitual entre los economistas es que la respuesta correcta a cualquier pregunta es “la oferta y la demanda”. (Como vemos, lo economistas no tienen muy buenos chistes). Aunque el chiste sea malo, la respuesta es perfectamente correcta. Un salario es un precio para actividades laborales de cierto tipo. (Recordemos que no hay una sola tarifa salarial: cada tipo de trabajo tiene un precio distinto).
Supongamos que el precio de mercado para un zancudo es de 10,00$ por hora. Con esta tarifa, quienes quieran aceptar un empleo a ese precio, lo harán y aquéllos que deseen contratar los servicios de zancudos a ese precio, también. La demanda y la oferta se equilibran. Esperemos que esto no nos sorprenda. ¿Qué pasa si el gobierno dicta una ley que prohíbe emplear a zancudos por menos de 12,00$ por hora? El misterio, desveladoAl nuevo precio de 12,00$ por hora, habrá más gente que antes dispuesta a trabajar de zancudos. (De hecho, por 12,00$ a la hora, nosotros trabajaríamos de zancudo). Pero algunos empleadores no querrán seguir contratando los servicios de los zancudos. ¿Quiénes? Obviamente, aquéllos que piensen que el valor de los zancudos está ligeramente por encima de 10,00$. Encontrándose con el requisito de que deben pagar 12,00$ por hora, no encontrarán interesante seguir haciéndolo. Estos compradores marginales ofrecerán a los zancudos una cálida despedida. ¿Y entonces, qué pasa? Al nuevo precio de 12,00$ por hora, habrá más trabajadores queriendo trabajar que al precio de 10,00$. Pero habrá menos empresarios dispuestos a contratar a ese precio. Oferta y demanda ya no están equilibradas. Dicho de otra forma, las leyes de salario mínimo producen desempleo.
ExcepcionesPodríamos encontrarnos con unos pocos casos excepcionales en los que las leyes de salario mínimo no causen desempleo. Supongamos que los zancudos ganan 10,00$ por hora y el salario mínimo es de 5,00$. Podemos predecir con certeza que esta regulación del salario mínimo tendrá poco efecto en el desempleo.
Una excepción¿O sí? Cómo ya habremos adivinado, hay una excepción. El mercado de trabajadores se ve afectado no sólo por las actuales tarifas salariales, sino también por las expectativas de futuros salarios. Si un empresario piensa que e salario de mercado de los zancudos caerá pronto a 5,00$ hará planes en consecuencia. Si el salario mínimo interfiere con sus planes, su plan de demanda se alterará.
La regla del salario mínimoPor tanto, en general podemos decir: un salario mínimo será inútil o causará desempleo. De nuevo hay una excepción: el salario mínimo se “justifica” por cambiar los planes de preferencias de forma que el salario mínimo se convierta en el salario de mercado. ¿Pero por qué iba a ocurrir esto? ÉticaNo, no podemos dejar la filosofía de lado mucho tiempo, pero, como ya hemos contemplado lo esencial, podemos ser breves. La regla del salario mínimo no es suficiente por sí misma para demostrar que los salarios mínimos son malos. Es una afirmación descriptiva, no normativa. Más aún, para justificar un veredicto negativo acerca de la legislación de salarios mínimos, no es suficiente añadir el juicio de valor indiscutible de que “el desempleo es malo”. Un partidario de los salarios mínimos puede alegar que los salarios superiores de algunos trabajadores compensan sobradamente el desempleo de otros. Mises al rescate, de nuevo
De nuevo, Ludwig von Mises ofrece una solución. Los partidarios de salarios mínimos normalmente no afirman que las ventajas de los salarios altos de algunos justifiquen el desempleo de otros. Por el contrario, afirman que la legislación de salarios mínimos incrementa los salarios sin causar desempleo. Y hemos demostrado que esa teoría económica es falsa. (Si este capítulo suena como una repetición del capítulo anterior, hemos aprendido bien las lecciones. Si no es así, por favor, releer el capítulo previo). La zona de indeterminaciónAlgunos economistas del trabajo dirán que el análisis anterior es crudo y demasiado simplificado. (Deberían decirlo, ¿no?) Hemos asumido que el libre mercado fija los salarios en cierto punto: por encima o por debajo del mismo, habrá escasez o excedentes. ¿Pero por qué lo asumimos? Quizás los salarios se fijen por el mercado en una zona, en lugar de un punto. Supongamos que el salario de mercado de zancudos es de 10,00$ por hora. Una norma de salario mínimo pasa a obligar a pagar 12,00$ por hora. ¿Debe haber desempleo? No necesariamente. Supongamos que los empresarios demanden exactamente el mismo número de zancudos a 12,00$ que a 10,00$ y que no haya más trabajadores dispuestos a realizar “tonterías sobre zancos” al precio superior. En otras palabras, ni la demanda ni la oferta responden demasiado a pequeños cambios en el precio. Si es así, el salario mínimo no causará desempleo. Los partidarios de este punto de vista no han ofrecido demasiadas evidencias en su favor. ¿Por qué tenemos que suponer que el mercado de trabajo opera de forma distinta de otros mercados? No hablamos normalmente de zonas de indeterminación en el precio del trigo –o de los zancos. ¿Por qué sí de los zancudos? Más aún, si existe dicha zona, ¿por qué suponer que los trabajadores tenderán a quedarse en la parte baja de la misma? Y si lo hacen, ¿por qué es esta una situación que requiera la intervención del estado?
Un punto olvidadoPodemos estar pensando, “como siempre, estamos dando demasiadas vueltas a un punto nada importante. Quizá las leyes de salario mínimo produzcan desempleo. Pero, después de todo, la mayor parte de la gente gana muy por encima del salario mínimo. Aparte de los más jóvenes –a quienes no les importa mucho- los salarios mínimos no tienen un impacto significativo”. Pero esta objeción limita los “salarios” de forma muy estrecha. El salario no es sólo lo que recibimos, sino el total de la nómina. Si tenemos un plan de pensiones, seguridad social, vacaciones pagadas, etc., todo ello es parte del salario. ¿Por qué? Bien, cuando pensamos en un trabajo ¿no lo tenemos en cuenta? Y cuando un empresario nos ofrece un trabajo, debe calcular el coste de estos beneficios sociales. En muchos casos, el gobierno exige que se ofrezca a los empleados ciertos beneficios sociales. El más conocido, es que los empresarios deben contribuir a ciertos pagos a las cuentas de la Seguridad Social de los empleados. Estos pagos deberían ser considerados como extensiones a la legislación del salario mínimo. Prácticamente todos nos vemos afectados por ellos, y por otros beneficios sociales obligados por el gobierno.
SindicatosComo es usual en este libro, el gobierno ha resultado ser el villano. Pero hay otra fuente de presión que puede subir los salarios de algunos a costa de los de otros. Supongamos que Sam Zancudo dice: “Pienso que 10,00$ por hora no es una compensación adecuada para mis servicios. Quiero 25,00$”. Bueno, puede decirlo –éste es un país libre- pero si el precio de mercado es de 10,00$ encontrará pocas personas dispuestas a contratarle. Imaginemos, ahora, que Sam es un poco más listo. Organiza un grupo de colegas zancudos y dice a su empresario, “Salvo que suba los salarios de 10,00$ a 25,00$ por hora, iremos a la huelga”. Sam ha sido demasiado listo a medias. Recordemos, al precio de mercado, todos los que deseen contratar trabajadores, encontrarán “vendedores”. Sam y sus amigos serán pronto reemplazados. Se han puesto ellos mismos fuera del mercado. La única esperanza de Sam reside en la coerción. Si puede evitar que el empresario contrate sustitutos, tendrá más oportunidades de obtener el salario que quiere. Entre las distintas formas por las que los sindicatos intentan bloquear las sustituciones está la legislación que prohíbe despedir a empleados en huelga y el uso de la fuerza contra los trabajadores de reemplazo.
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