Seny: Julio 2005Bitácora de Antonio Mascaró Rotger
31 de Julio de 2005¡Anti Piratas Privados!
Vía Samizdata y WoldNetDaily me entero de una curiosa historia de piratas. Se ve que hace tiempo que la piratería en el Estrecho de Malaca causa estragos entre las mercantes. Pero si los piratas modernos son rápidos, los Estados que precisamente justifican su propia existencia en la lucha contra esta plaga (y similares) resultan más bien torpes, por decirlo suavemente. La cosa tiene su interés porque en los últimos años la piratería en esa región no sólo ha aumentado sus ataques sino que ha modernizado enormemente sus tácticas hasta equipararlas a las de los terroristas. Así que ya ha aparecido quien ofrece servicios privados antipiratería marítima. Es el caso de Background Asia Risk Solutions (BARS), una empresa que ofrece un servicio de “escolta armada en el sudeste asiático para bienes marítimos.” Y añade: “Hemos realizado cierto número de complejas operaciones protegiendo activos flotantes de petróleo y gas y sus convoyes. Así mismo, hemos ofrecido escolta armada a otros convoyes lentos entre los que se incluyen remolcadores y barcazas oceánicas.” En fin, esto de la defensa pública cada vez queda más en evidencia y lo de la defensa privada cada día resulta menos utópico.19 de Julio de 2005La bomba de neutrones privada recubierta de chocolate
ADVERTENCIA: Aunque lo parezca, lo que sigue no es ficción. El pasado sábado 16, se cumplieron 60 años de la primera detonación de una bomba atómica. Esa explosión de prueba en Los Álamos, conocida como Trinity Test, fue el primer fruto del Proyecto Manhattan que, años más tarde, iba a culminar con la rendición incondicional del Imperio del Sol. De los muchos comentarios que podían hacerse sobre tan trascendental invento, no he encontrado ni uno que hiciese referencia a un curioso proyecto realizado en el mismísimo Manhattan por un grupúsculo de ultraliberales para fabricar una bomba de neutrones privada recubierta de chocolate. Tampoco es que me sorprenda que Polanco y Pedro Jota pasen del tema, pero igual a otros les resulta interesante. La cosa empezó a gestarse cuando un par de jóvenes inquietos fueron víctimas del “macho flash” (exhibicionismo ideológico) de unos miembros del Libertarian Party de Nueva York. Los del LP les recomendaron leer The Moon Is A Harsh Mistress de R. A. Heinlein y, como quien no quiere la cosa, comentaron que el autor defendía la titularidad privada de las armas nucleares. Por cierto, es curioso, hoy en día si a alguien se le ocurre semejante afrenta a lo Políticamente Correcto, le saltan encima diciéndole que el mundo acabaría lleno de armas nucleares en los sótanos de los desaprensivos. Pero hace unas décadas se temía lo contrario, véase la entrevista en que Mike Wallace criticó a Ayn Rand por defender la propiedad privada total del suelo sobre la base de que así los propietarios de las minas de uranio podrían negarse a vender el producto con el consiguiente peligro para la seguridad nacional. Da que pensar. Siguiendo con su enriquecimiento cultural, en la revista Playboy leyeron un artículo satírico en el que se relataba como un tal Hadley había creado una empresa ficticia en el sótano de su casa para fabricar tanques y vendérselos al ejército americano a la vez que agobiaba al gobierno solicitándole más y más formularios. Encantados con la idea de poder fastidiar un poco a Papá Estado, trataron de buscar nuevas versiones de la idea de Hadley. Eran los setenta, así que se plantearon construir un submarino amarillo y vendérselo a los árabes. También pensaron en vender armamento invisible al estilo del traje nuevo del emperador. Entonces a alguien se le ocurrió una idea maligna: construir una bomba de neutrones y recubrirla de chocolate para crear un conflicto de jurisdicciones entre los departamentos del gobierno. Ya de paso, podrían hacerlo en la neoyorquina Greenwich Village para fastidiar a la comisión de ordenación territorial. Y aquí fue donde empezaron las sorpresas. Tras consultar con varios expertos en derecho norteamericano tuvieron que llegar a la conclusión de que no había impedimento legal para la construcción, posesión y transporte de armas nucleares. Así que se pusieron manos a la obra. Michael Gilson, MG para los amigos, y su compinche, el bromista Crazy Carl, fundaron la “La Buena y Vieja Compañía Libertaria de Lectores de Tarjetas de Tarot y de Bombas de Neutrones de Fabricación Casera Recubiertas de Chocolate”. La idea era fabricar bombas de neutrones, recubrirlas de chocolate y remitirlas por correo postal al destino elegido por el gobierno norteamericano; todo ello a un módico precio. La “genial” idea les permitió alardear ante sus clientes de que su sistema tenía una mayor precisión que los mísiles balísticos intercontinentales Titan. Conviene aclarar que la parte más fácil fue conseguir el status de contratista del gobierno. Contrataron a varios adolescentes para que les hicieran de consultores. Uno de éstos envió una carta al Presidente Jimmy Carter y éste les contestó enviándoles datos desclasificados para la construcción de bombas de neutrones. Crazy Carl se tronchaba: “¿y cómo evitarán los libertarians que el Presidente envíe planos de bombas a los niños? ¡Ja!” En cambio, se lamenta MG, nadie les pregunta como evitarán un Chernobyl. Es verdad que ciertos planos americanos para la fabricación de bombas de neutrones estaban clasificados. Pero no así las copias soviéticas de estos planos que alguien había conseguido en una conferencia. Aunque Rothbard era reacio a las armas de destrucción masiva por su propia naturaleza independientemente de quien fuese el titular, al principio la idea le hizo gracia, pero cuando vio como iba desarrollándose la historia el gran economista le sugirió a MG que se tomara unas vacaciones. En sus investigaciones legales se enteraron que en Nueva York era ilegal no seguir las instrucciones del fabricante en los envases de alimentos, así que decidieron colocar una etiqueta en cada bomba que rezaba: “Siguiendo las instrucciones del fabricante, no rompan el chocolate para acceder al artefacto de neutrones, bajo pena de la legislación del Estado de Nueva York”. En esa época, el gobierno americano tenía clasificado el Libertarian Party como un grupo de comunistas subversivos. Así que remitieron una solicitud de información como contratistas al gobierno en la que incluyeron copias del “What Has Government Done With Our Money” de Rothbard. En el intercambio de misivas cabe destacar una en la que el ayuntamiento les pedía incluir entre su personal a personas con problemas de analfabetismo, bebida, oído, visión, etc. Je, je, je, ¿Y cómo evitarán los ultraliberales que los avariciosos cerdos capitalistas fabricantes de armas nucleares privadas contraten a alcohólicos analfabetos ciegos para recubrir de chocolate una cuantas bombas de neutrones? Siguiendo lo establecido en la Ley Pública 87-297, remitieron una solicitud de asistencia técnica a la embajada soviética en la ONU con lo que hasta el KGB se enteró del asunto. Pero un día el gobierno les paró los pies. Recibieron una visita de la comisión de ordenación territorial para avisarles de que allí no se podía trabajar con comida preempaquetada. Insistieron en que no había ningún problema con lo de las armas nucleares, pero lo del chocolate en zona residencial era inaceptable. Además, era igualmente inaceptable el tener un mismo lavabo para ambos sexos. Ahí quedó el asunto. O casi... Puesto que la empresa era decididamente “no rentable”, en su declaración de la renta de 1980, MG decidió escribir en la casilla de actividades sin ánimo de lucro: “Productor Caritativo de Armas Comestibles de Destrucción Masiva”. Aparentemente, cuando todo había acabado, los de hacienda no tuvieron constancia del cese de actividad de la empresa. Al haber permanecido cierto número de años sin una sola reclamación, le remitieron una carta de felicitación por su seguridad y eficiencia nuclear en la construcción de armamento atómico. Algo muy parecido ya le había pasado a Hadley, el de los tanques. Años después, al relatar la historia a sus amigos, MG se enteró de que el ayuntamiento de Chico, California, había establecido una multa para quien detonara un artefacto nuclear en el municipio: 500 dólares. ¡Eso es una política de disuasión nuclear y lo demás son gaitas! ¡Qué diría el chicaguense de Gary S. Baker, que sostenía que los criminales son agentes racionales que realizan cálculos de coste-beneficio! Archivo |
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