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Todo un hombre de Estado: Septiembre 2005

30 de Septiembre de 2005

Socialistas de otros mundos

Parece que Alberto ha buscado refuerzos y los ha encontrado. Un tal Tyytdt dice haber contestado mi absurdo artículo, yo más bien diría que lo absurdo es la pretensión de haber contestado con su libelillo a mi post, y como no sólo me gusta afirmar, sino demostrar mi afirmación, pasemos a comprobar la profundidad de su pensamiento.

Primero, Tyytdt sostiene lo que pocos se han atrevido a sostener, esto es, que el cálculo económico es posible sin precios (incluso los economistas socialistas se vieron obligados a reconocer que, al menos, hacía falta una forma de precios paramétricos). La cuestión es, ¿cómo calculas sin precios? Primero, a) ¿cómo sabes cuáles son las necesidades de la población? (las formas de democracia asamblearía ya las traté en este post) b) Aún sabiéndolas, ¿cómo sabes cuál es la forma más adecuada de producirlos? Me refiero a la adecuada combinación de capital-trabajo, así como la estructura de capital pertienente y los tiempos en los que el capital se haya inmovilizado. ¿Durante cuánto tiempo tiene que amortizarse el capital? ¿Cómo obtienes, por ejemplo, algo tan importante como la depreciación? c) ¿Cuál es la porción que le corresponde al trabajador de su producción? ¿El 100%? Entonces caminamos hacia una economía autista. ¿Qué ocurre en los casos de colaboración? 100 trabajadores producen 20 automóviles, ¿cuántos automóviles le pertocan a cada uno? Es más, los trabajadores dedicados a la producción de capital (es decir, de las máquinas que se dedican a la producción de automóviles) ¿qué salario les pertoca? ¿Un trozo de máquina? ¿Y con eso comerán? d) ¿Cuáles son las ratios a las que se deben intercambiar por ejemplo las máquinas (que hoy no suponen más que una expectativa de bienes futuros) y las manzanas? ¿Cómo se decide sin propiedad y precios? ¿Deben ser las ratios de intercambio siempre fijas? ¿Deben variar? ¿En función de qué?

En definitiva, la pretensión de que es posible una sociedad que no someta a sus ciudadanos a ingentes hambrunas sin precios de mercado es una barbaridad colosal. Si no hay precios ni hay salarios, ni rentas, ni cuotas de amortización. ¿Cómo reponemos el capital? ¿Cuánto puede consumir cada trabajar de la producción total? ¿A partir de cuándo pueden consumir los trabajadores dedicados a producir máquinas que sólo serán útiles dentro de diez años? (¿Pueden consumir algo que no han producido? ¿Incluso quitándoles una cuota a los que han producido directamente los bienes de consumo? ¿Qué porción de esa cuota?). Demuestra una ineptitud económica total. Pero vamos, nada nuevo en un socialista. Recordemos que durante el s.XIX los términos socialista y economista se consideraban antónimos, lástima que se haya perdido tan saludable costumbre.

Por cierto, Tyytdt, la plusvalía no existe. Es algo muy sencillo. El trabajador produce carbón que sirve para calentar los hornos donde se funde el hierro. Ese hierro formará las máquinas que servirán para producir las ruedas de los tractores que, una vez insertadas en estos, servirán para labrar los campos, cuya producción se obtendrá al cabo de los años. En vuestra sociedad comunista estos trabajadores (los que producen carbón) deberían esperarse a cobrar "el fruto de su trabajo" hasta que el agricultor produce las verduras (no creo que quieran comer carbón). Si tienen que esperar todo ese tiempo, apañados van. Incluso tú podrás darte cuenta de que el tiempo de espera para que el "fruto de su trabajo" (carbón) de realmente "fruto" (comida) es de varios años. ¿Tienen que cobrar una vez hayan pasado esos varios años? Pobrecitos, los queréis matar de hambre (de hecho, siempre lo habéis hecho).

En la sociedad capitalista, por el contrario, el empresario adelanta parte de su dinero a esos trabajadores, de manera que se les permite consumir productos presentes cuando aun su trabajo no ha madurado. En otras palabras, el capitalista renuncia a bienes presentes (pues les paga un salario) ante la expectativa de una remuneración futura (que procederá en última instancia de la venta de las verduras; hasta entonces el capitalista les ha adelantado SU dinero). ¿Y qué sucede cuándo tu prestas un dinero a otra persona? Que te lo devuelve con intereses. Pues bien, ese interés es la plusvalía, cosa de la que Carlos Marx nunca fue consciente.

En segundo lugar, me acusa de tratar a Alberto de idiota. Más bien cabría decir que trataba a sus argumentos de idiotas (pues no conozco a Alberto y, por tanto, difícilmente podré opinar sobre su persona). Y todo esto por suponer que Alberto entiende jerarquía como la gestión de los recursos de otro. Mire, el ejemplo de las empresas era clarito. Si yo gestiono los recursos de otro, domino y ordeno. Si ustedes no consideran la libertad de romper el contrato como un elemento que rompe esa relación de dominación (y no lo hacen, habida cuenta que no reconocen la libertad de contratos como la razón por la que el trabajador no está dominado por el empresario), entonces la relación jerárquica que existe entre ambas empresas necesariamente supone una relación de dominación.

Si ustedes me dicen ahora que la jerarquía sólo se da en casos de dominación efectiva, entonces no existe relación de jerarquía entre el empresario y el trabajador. Primero porque los roles no son perpetuos (el trabajador, a través del ahorro se convierte en capitalista) y segundo porque los trabajadores pueden dejar al empresario sin mano de obra (cosa que ocurriría en caso de que montara una empresa en España que pagara un salario de 1 euro al mes). Por tanto, sus términos son etéreos. Es evidente que existe una relación de jerarquía entre trabajador y empresario, pero esa jerarquía no supone dominación (precisamente por estar basada en la libre voluntad de las partes).

En tercer lugar, Tyytdt intenta (reito el intenta) resolver el problema del tertium comparationis. Es decir, le pregunte a Alberto que cuál era el criterio para medir la igualdad (la belleza, la riqueza, la inteligencia, la persuasión, la liquidez, los ahorros, el carisma...) y dice Tyytdt: Los anarquistas defienden la igualdad en el poder de satisfacer sus necesidades, si por la renta, la belleza, etc., se recibe un trato que implique abuso, los anarquistas están en contra.

¿Dónde vas? Manzanas traigo. Vamos a ver, si ustedes quieren hacer ciencia y traer la igualdad al mundo, deberán saber primero qué quieren igualar para que todos los ciudadanos puedan satisfacer sus necesidades por igual. Decirme que el criterio que utilizan para medir la igualdad es la igualdad para poder satisfacer las necesidades, significa decir que los círculos son redondos porque redondos son los círculos. ¿Qué hace que una persona tenga mayor capacidad para satisfacer sus necesidades? ¿Sólo el dinero? ¿Influye la belleza? ¿La charlatanería? ¿Su carisma social? ¿Su productividad? ¿Su diligencia? ¿Su visión empresarial? Y si algún factor más, aparte del dinero, influye, ¿también van a recortarlos como si de Procrusto se tratara? Es más, para que dos personas puedan satisfacer sus necesidades por igual, las necesidades deberían ser iguales. Si yo quiero ir a Barcelona desde Valencia tendré menos dificultades que si mi vecino quiere ir de Valencia a Pekín. ¿Debemos poder mi vecino y yo satisfacer las necesidades diferentes de la misma manera? Entonces a mí tendrías que darme un borrico y a mi vecino un bólido (en caso contrario llegaría yo antes a Barcelona que el a Pekín y nuestras necesidades se satisfarían de forma distinta). Es decir, para que fines distintos sean satisfechos de una misma manera, necesitas proporcionar medios desiguales. ¡Uy! Ahora promoveréis la desigualdad. Qué cosas.

No sólo eso, ¿cómo evitas que una persona sea más feliz que otra al utilizar los medios que le proponéis? Quizá mi vecino odie los bólidos y yo ame el paseo en burro, con lo cual yo sería más feliz que mi vecino. ¡Seríamos desiguales! Cuidado, que se empieza por ahí y se acaba defendiendo a las multinacionales devoraniños. Sed prudentes.

Pero aún diría más, ¿cómo medís el valor que una persona atribuye a sus necesidades así como la utilidad y valor que otorga a esos medios? Si no podéis medirlo, ¿cómo podéis afirmar que dos personas tienen igualdad para satisfacer sus necesidades? Y de nuevo, volvemos al tertium comparationis. ¿Qué unidad empleáis para medir la satisfacción durante qué período?

En cuarto lugar, Tyytdt se lía con un ejemplo que puse. Para que los lectores no se pierdan, diré que en mi ejemplo teníamos a un empresario en suspensión de pagos (pero con una gran cantidad de inmovilizado material) frente a un grupo de trabajadores. Y dice Tyytdt: Evidentemente en el caso que planteas, el que esta en una posición más ventajosa en el plano social es el empresario, ya que es rico y goza de sus privilegios. Una vez, demuestra su necedad económica. Si las inversiones del empresario son suficientemente ilíquidas (pensemos en un capital absolutamente incovertible), tendrá mucha riqueza en forma de inmovilizado material, pero no dispondrá de liquidez. Ya te he explicado antes que el empresario tiene que adelantar el dinero a los trabajadores, por muchas máquinas que tenga, si no dispone de líquido, no podrá adelantar nada y, por tanto, no podrá contratar a los trabajadores hasta que la inversión inmovilizada madure en forma de bienes y servicios. Pero para que esta inversión madure necesita de la concurrencia de capital circulante o, al menos, de trabajadores dispuestos a trabajar por nada durante un período de tiempo. Por tanto, en ese caso concreto, el que tiene la situación de control es el trabajador: el empresario no puede vender sus máquinas (son inconvertibles) y no dispone de líquido hasta que amortice su inversión, pero para amortizarla necesita que produzcan bienes y servicios, cosa que sólo sucederá si los obreros deciden trabajar para él aún cuando no les pague durante un tiempo. Si no controlas estas ideas, intenta no soltar más barbaridades como que, en una suspensión de pagos, la posición ventajosa la tiene el empresario.

En quinto lugar, Tyytdt matiza mi afirmación de que la voluntariedad consiste, tan sólo, en si la persona quiere o no realizar una determinada acción. No podemos hablar de lo que "hubiera querido en caso de estar en otra situación". En concreto, me dice que eso es cierto, pero que a mayor igualdad mayor autonomía (pues menores abusos se cometerán). Primero, sigue teniendo pendiente definir el criterio de igualdad. ¿Cuál es? Yo aún no lo sé. La capacidad para satisfacer sus necesidades se me antoja demasiado absurdo siquiera para proponerlo. Segundo, una mayor igualdad no supone una mayor autonomía; una mayor riqueza SÍ supone una mayor capacidad para elegir medios. Pero la libertad, la autonomía y la voluntariedad no consisten en incrementar el número de medios, sino en la capacidad de elección "libre" entre los medios existentes. Yo no soy menos libre ahora por el hecho de que en el futuro, espero, las sociedades sean inmensamente más ricas. Sí tengo una menor capacidad para satisfacer mis fines, pero eso no me hace menos libre, en tanto nadie me impida elegir el mejor curso entre las opciones existentes. ¿Y cómo se impide? A través de la fuerza física; la presión económica es una memez que algunos marxistas se han inventado para ejercer la violencia física sobre los que dicen ejercen la económica.

Y por último, enlazando con esto último, dice el sabio Tyytdt:El capitalista también utiliza la violencia para atacar el derecho a la propiedad de sus trabajadores, utiliza a la policía para impedir que los trabajadores sean propietarios de lo que producen y tengan que venderse como mercancía y muy barata. ¿Pero no decíamos que la propiedad era metafísica? Ah no, que se refiere a la propiedad capitalista. Típica definición de quienes no saben ni qué es la propiedad ni qué es el capital. Vamos a ver lumbrera, si el trabajador acumula cebollas para dos años, ¿está explotando a alguien? ¿Verdad qué no? Pues el fondo de cebollas para dos años es capital. Que no os enteráis. El capital no es sólo el inmovilizado, también el circulante, que sostiene precisamente al primero hasta su maduración y completa amortización. ¿Hay que fusilar al trabajador por el hecho de que ahorre? Pues no, aunque no tengo tan claro que opinarás tú. ¿Cómo impide el capitalista el derecho de propiedad de los trabajadores? ¿No dándoles la plusvalía? Léete lo que he escrito antes; si el trabajador se apoderara de la plusvalía, precisamente estaría agrediendo el derecho de propiedad del capitalista. ¿O es qué ahora defiendes que no se les pague a los ancianitos la pensión que han estado capitalizando durante toda su vida laboral? ¿O es que no sabes que las pensiones en un sistema de capitalización se pagan a partir de los intereses (que tu llamas plusvalías) de los trabajadores? ¿O es qué acaso no sabes que si los trabajadores ahorran y dejan prestado ese dinero a otro empresario, al percibir el interés, se apoderan de la plusvalía? Es más, aun cuando no lo prestaran estarían percibiendo un interés (plusvalía) no monetaria.

Anda, estudia un poquito de economía y desbarra menos. Que a veces no sé si discuto que anarcorrojos o con muñecos del guiñol.

28 de Septiembre de 2005

Más sobre anarcorrojos

Alberto García ha contestado, ahora desde su blog a mi anterior anotación. Estaba esperanzado en que respondiera desde Red Progresista para, así, poder volver a tildar de totalitarios a los socialdemocratas desde uno de sus centros "intelectuales". Lástima, tendré que esperar a la próxima vez.

Veamos que nos dice Alberto. Primero me explica que los anarcorrojos distinguen entre propiedad de la tierra y posesión de la misma: los anarquistas llamamos a la propiedad de la tierra de otra manera, posesión. Y la posesión, en la práctica es como una propiedad más o menos. Es cierto que algunas variantes del anarquismo (como el comunismo libertario) no consideran algo que se asemeje a la propiedad privada liberal, pero otras sí (la escuela individualista a la que se adscribía el autodenominado socilista Benjamin Tucker), tienen algo de parecido. Así que lo que dice es algo irrelevante.

¿Más o menos? Perdone Sr. García, pero su "más o menos" delimita si una persona puede sufrir una expropiación o no. ¿Es usted propietario? Más o menos. ¿Puedo yo quitarle su propiedad? Más o menos. Esto no es serio. Per además, debería saber distinguir entre propiedad y posesión. La posesión es una circunstancia fáctica; yo poseo lo que ahora mismo estoy asiendo o usando. La propiedad supone un derecho a poseer y a usar. Aunque ahora mismo no este en contacto con el objeto, tengo derecho a estarlo. Si usted señala que los anarcorrojos no defienden la propiedad, sino la posesión de la tierra, esto significa que si va a hacer la compra y sale de su casa, cualquier persona que entre y la ocupe, pasará a poseerla sin que usted pueda desalojarla (ya que no tiene derecho).

Por tanto sí hay una diferencia fundamental. En el caso de la posesión no existe una vinculación, a excepción de la física, entre el medio y la escala de preferencias del actor. De manera que éste no puede planificar, ni calcular, ni intercambiar. Sin propiedad no hay precios (y cuando digo "sin propiedad" estoy también diciendo "sin propiedad pero con posesión"). Huelga decir que si el "más o menos" de la definición de Alberto significa en realidad  que "La posesión, en la práctica es EXACTAMENTE como una propiedad", pues estoy de acuerdo. Sólo tendría que llamar a las cosas por su nombre: propiedad y no posesión.

En lo subsiguiente, Alberto abraza el anarcocapitalismo sin darse cuenta (eso sí, malinterpretando absolutamente todo lo que digo). Así, por ejemplo, Alberto sostiene acerca de la relaciones de dominación que: Yo en nigún momento dije que haya que imponer nada, no sé que parte no le quedó clara de que el anarquismo se basa en relaciones voluntarias en plano de igualdad. o Si el señor Rallo desesa trabajar para el señor Valín por un salario, puede hacerlo y no creo que haya que tirarle de las orejas y regañarles a ninguno de los dos.

Incluso más adelante añade: Yo defiendo un libre mercado, digamos para entendernos semejante al que le pueda gustar a usted, laissez faire, sin Estado, pero con la diferencia de que en vez de sociedades anónimas habría cooperativas y trabajadores autoempleados en lugar de asalariados.

Aclaremos conceptos que parece confuso. ¿Habría cooperativas? ¿Qué clase de planificación cartesiana es esa? ¿Expresa un deseo o una prescripción? Si a usted le gustaría que hubiera cooperativas, perfecto. Tan bonito como iluso, pero perfectamente anarcocapitalista (en ningún sitio dice que el capitalismo se conforme necesariamente de sociedades anónimas). Si usted impondría por la fuerza las cooperativas (para que "hubiese"), entonces no resulta tan bonito, se está convirtiendo en un planificador.

Mire, el anarcosocialismo es la visión de una sociedad perfecta igualitarista y sin Estado. Esa idea es tremendamente ilusoria, fantasiosa e incluso nociva para el bienestar del género humano. La gente tiende a la dispersión, a buscar fines distintos, a realizarse como personas de diferentes maneras, pero es una ilusión legítima. Usted puede montarse sus comunas, sus sociedades contractualistas donde cada cual acuerda no superar un determinado nivel de riqueza. Todo ello a condición de que no la imponga al resto. Por tanto, su anarcosocialismo queda incluido en el anarcocapitalismo.

El anarcocapitalismo no postula un modelo moral para la sociedad. No dice si tiene que ser generosa, caritativa, antijerárquica o festiva. Ustedes, los anarcorrojos sí lo hacen: son moralistas. Hay que repeler las relaciones jerárquicas y hay que ser solidarios. Perfecto, pero no lo impongan, pueden realizar sus "proyectos" dentro de una sociedad anarcocapitalista. En otras palabras, mientras que el anarcocapitalismo tolera en su seno al anarcosocialismo, el anarcosocialismo no puede tolerar al anarcocapitalismo, pues en tanto se extienda el anarcocapitalismo, la igualdad y la ausencia de jerarquías desaparece (y con el su sociedad perfecta). Repito, el anarcocapitalismo no está enfrentado con las comunas o los falansterios (personalmente lo considero una parida monumental, fruto del desconocimiento económico, pero allá usted y su propiedad); el anarcosocialismo sí lo está con la propiedad privada. Por tanto, su utopía supone un caso particular dentro del anarcocapitalismo, un tipo de sociedad legítimo (para los que así acuerden vivir en una propiedad legítimamente adquirida) pero que no puede imponerse a quienes no lo acepten.

Me agrada que, en teoría, acepte todo esto de buen grado. Obviamente, ello tiene ciertas incoherencias lógicas con la postura del anarcosocialismo. A saber, si existe dominación no puede existir libertad. Cuando una persona domina a otra, estamos ante una voluntad falseada. Y, a partir de aquí, no hay acciones voluntarias, sino acciones condicionadas por el contexto social y la necesidad: sólo con la sociedad auténticamente igualitaria se podrán tomar decisiones libres y voluntarias. Pero, como ya he explicado, esto tiene una serie de inconsistencias. Mientras ustes se mantenga en la postura del "vive y deja vivir", no se preocupe, no le seguiré en su ruina, pero tampoco se la frenaré por la fuerza.

A partir de este punto, Alberto empieza a decir barbaridades sobre mi voluntad de imponerle mis ideas. Será que confunde la fuerza de las ideas con la fuerza física que necesitan las ideas débiles: a mí no me hace falta ser economista para pensar que el capitalismo no me gusta, ni siquiera fui a la Univesidad, lo veo de forma intuitiva como persona que me afecta. Y tengo derecho a pensarlo. Y usted no puede hacer nada para evitar que piense como me de la gana. Y yo, no puedo obligarle a que piense que otra cosa es mejor..

Por supuesto la ignorancia voluntaria es muy legítima. Lo que he hecho en mi anterior post es demostrarle por qué las relaciones de jerarquía (que en algunos casos adopta el sistema capitalista por ser -repito, en algunos casos- el mejor modo de producción) no suponen dominación, entendida ésta como opresión de la voluntad libre. Usted puede aferrarse a que tiene derecho a seguir desvariando, lo tiene, cómo no. La verdad sólo libera espiritualmente, muchos han elegido, y pueden seguir eligiendo, la pastilla azul en Matrix.

Eso sí, si respeta la propiedad privada sobre la tierra (y sobre el resto de bienes) y la libre voluntad de las partes para firmar cualquier contrato que no dañe a terceros (por mucho que luego usted se autolimite para no detentar la propiedad sobre tierras que no usa o para no contratar a nadie en régimen de subordinación), simplemente puedo felicitarle por abrazar el capitalismo. Yo puedo despreciar a los sadomasoquistas y creer que su práctica es legítima.

Es una lástima que no sepa ver los enormes beneficios que el capitalismo ha acarreado a la historia de la humanidad, pero mientras la respete, no le exijo adhesión a la libertad. Eso sí, en caso de aceptar todo esto (como parece indicar en su último post) me parece que ni siquiera se ha leído el FAQ que recomienda: El anarquismo es, por encima de todo, un movimiento dirigido no sólo a analizar el mundo, sino a cambiarlo. Por lo tanto, el anarquismo está dispuesto a participar y estimular la lucha social. La lucha social incluye huelgas, marchas, protestas, manifestaciones, boicots, ocupaciones, etc.(...) En otras palabras, la lucha social es la "escuela" del anarquismo, los medios por los que la gente se convierte en anarquistas y las ideas anarquistas se aplican en acción. O incluso: ¡La acción directa debe ocurrir por todas partes! Así fuera del lugar del trabajo, la acción directa incluye huelgas a los rentistas, boicots a los consumidores, ocupaciones (que, por supuesto, pueden incluir sentadas por los trabajadores), ecotage, evasión fiscal individual o colectiva, obstaculización de carreteras, paralizar las construcciones de naturaleza anti-social, etc..

Vamos, el paraíso de la voluntariedad.

27 de Septiembre de 2005

Rojos anarquistas y otras bravuconadas

Un supuesto anarquista responde a Jorge Valín que el socialismo no es totalitario o dominador, que no debe confundir la parte con el todo: Con este “descuido“ u “omisión” —quien sabe si por desconocimiento o por algo más abyecto— de la escuela libertaria del socialismo, muchos liberales, libertarianos y gente de derechas en general, acaban por crearse y creerse un espectro político irreal con el que puede dar rienda suelta a todo su maniqueismo y toda su propaganda criminalizadora y desprestigiadora del socialismo y la izquierda en todo su conjunto.

En primer lugar es graciosa la acogida que ha tenido en Red Progresista el post. Como decía Valín, el nivel de la izquierda en la red es bajísimo. El tal Alberto publica un texto donde acusa a Valín de creer que TODA la izquierda es totalitario cuando, en realidad, SOLO lo es una parte. Y esa parte, claro está, es Red Progresista. Digámoslo con las palabras de Alberto: Cuando lo lógico sería que dijesen “socialdemócrata“, “socioliberal” o “marxista“ tienen la costumbre de utilizar en su lugar con toda la alegría el término genérico “socialista“ o simplemente decir “de izquierdas“ con lo cual incurren en una tremenda falacia que solo puede ser debida al desconocimiento o por motivos de propaganda criminalizadora en la que se confunde la parte por el todo.

Por tanto, los socialdemócratas, los socioliberales o los marxistas sí que se encajan, según Alberto, en la definición de totalitarismo de Valín, esto es, Redprogresista, según el texto publicado en Redprogresista, es totalitaria. Y lo mejor de todo son los comentarios: ¡Bravo Alberto! ¿Pero alguien se ha leído el texto?

Segundo, la acusación de confundir la parte por el todo, como ahora veremos, es discutible. Sobre todo cuando Alberto la retrotrae a la obra de Mises: Esto no es nada nuevo, el señor Ludwig Von Mises escribió una vez un libro para criticar el marxismo titulado “El socialismo“… Etiquetando y confundiendo la parte por el todo, y a base de repetir una y otra vez la idea de que todo el socialismo es la negación del individuo, se consigue criminalizar al socialismo en todo su conjunto y restarle legitimidad como doctrina.

Está bien eso de criticar y extraer la tesis del libro leyéndose solamente el título. Mira Alberto, el libro de Mises primero fue un artículo llamado "Economic Calculation In The Socialist Commonwealth", esto es, El cálculo económico en la Mancomunidad Socialista. La crítica principal de Mises es esencialmente económica: sin propiedad privada no se pueden formar precios de mercado y, sin precios de mercado, no es posible el cálculo económico. Cualquier situación social donde no exista la propiedad privada puede considerarse, desde el punto de vista económico, como una forma de socialismo. Esto incluye tanto al socialismo marxista, como al socialismo anarquista que niega la propiedad privada de la tierra. Es más, incluye aquellas situaciones del supuesto monopolio único empresarial: sin mercados para los factores productivos, tampoco hay precios.

En este punto, Alberto vuelve a acusar a Redprogresista y ellos, tan listos, sin enterarse: El problema es que algunos socialistas jamás vamos a consentir que nadie nos etiquete y nos ponga a la altura de la escuela autoritaria del socialismo. Fijémonos en "algunos"; sin duda otros sí. Y esos otros, para Alberto, son los socialistas no anarquistas.

Tercero, y aquí entramos en materia, para Alberto el anarquismo supone la eliminación de la dominación. En esto podemos estar de acuerdo; donde ya discrepamos es en la definición y formas de dominación: El anarquismo, desde que Pierre-Joseph Proudhon tomase ese término para definirse, significa en política una doctrina que critica cualquier clase de estructura jerárquica, ya sea política (el Estado), económica (el capitalismo) o social (muchas religiones o sectas), por considerar que las estructuras jerárquicas permiten a unos individuos dominar a otros. Y conviene recordar aquí que aunque la dominación sea consentida y voluntaria no deja de ser una dominación, del mismo modo que la discriminación aunque sea positiva no deja de ser una discriminación.

Eso de que la estructura jerárquica implica necesariamente dominación es un chiste bastante gracioso. Imaginemos que tenemos dos empresas: una versada en las técnicas directivas y otra en la producción. Estas dos empresas emprenden un acuerdo de colaboración, según el cual la primera empresa dirigirá y organizará a la segunda. El acuerdo puede romperse unilateralmente por cualquiera de ambas empresas, esto es, es del todo voluntario. Según Alberto, como la segunda empresa se sitúa jerárquicamente por debajo de la primera, estamos ante una relación de dominación. Es discutible; sobre todo si añadimos el supuesto de que los activos de la segunda empresa tienen un peso del 95% sobre el total. ¿Realmente cree Alberto que la empresa que posee el 95% de los activos en el acuerdo de colaboración es la empresa dominada? Siguiendo sus palabras así es; la segunda empresa está en una posición jerárquicamente inferior (y la voluntariedad poco importa). Yo, por el contrario, creería que la segunda empresa tiene un poder de negociación infinitamente mayor que la primera. Pero claro, se encuentra dominada. Pobrecita.

Esto tiene sus indudables implicaciones. Si por existir una jerarquía existe automáticamente dominación (y esta no tiene nada que ver con la voluntariedad de sus lazos), entonces todo el género humano se basa en la dominación. Es más, si el anarquismo socialista pretende abolir la dominación (en realidad la jerarquía) necesitará impedir que esas relaciones emerjan, es decir, tendrá que atacar los acuerdos voluntarios entre dos partes: impondrá el rompimiento de esos acuerdos. Y toda imposición es una forma de dominación y de superioridad jerárquica.

Pero, además, hay una contradicción incluso más profunda en este pseudoanarquismo socialista. Uno puede considerar que el trabajador está sometido al empresario (¿también Fernando Alonso está subyugado a Renault?), pero, en todo caso, el empresario está sometido al consumidor. El consumidor es quién dirige el sistema productivo: el empresario está jerárquicamente sometido a él, no puede producir aquello que el consumidor no desee. Si la sociedad anarquista pretende abolir toda forma de jerarquía, entonces debería también destruir la soberanía del consumidor, esto es, la producción de los comuneros no tendrá que encaminarse al consumo deseado por los individuos (que serán, como ocurre en el sistema capitalista, los propios comuneros). En otras palabras, para abolir TODA jerarquía, debe romperse en última instancia la jerarquía que existe entre consumo y producción. Se produce aquello que se consume, esto es, aquello que alguien DESEA consumir. Por tanto, los trabajos productivos están sometidos al deseo de alguien. Esto es innegable: los trabajadores producen aquello que otros quieren, por tanto, están subordinados a sus deseos.

La alternativa, por supuesto, es decir que no debe producirse aquello que el otro desea, en otras palabras, que no tiene que producirse para consumir. En ese caso, la sociedad anarquista estaría destinada a la extinción (no se podrían producir alimentos, por ejemplo). No sólo eso, en caso de que se decidiera prohibir el sometimiento del trabajo a los deseos de los consumidores, lo que tendríamos es otra forma de autoridad. Al final, este caosismo lleva a imponer la no imposición. Si la jerarquía es siempre un elemento a destruir, la voluntariedad (y la libertad) sale por la ventana.

Es evidente que los caosistas afirmarán que sin igualdad no hay voluntariedad. Esto es otro disparate. Primero, porque antes de hablar de igualdad debe establecerse el tertium comparationis. ¿Debe ser la renta? ¿La inteligencia? ¿La belleza? ¿El poder de persuasión? ¿Los ahorros? ¿La liquidez? ¿Los ingresos futuros? ¿La fuerza física? ¿Los años restantes de vida? ¿La perseverancia? ¿El entusiasmo?

Podemos encontrar numerosas posibilidades de comparar a dos personas. Si la relación entre dos personas nunca es voluntaria cuando no parta de la igualdad, entonces las relaciones nunca son voluntarias. Por ejemplo, imaginemos un empresario inmensamente rico pero con inversiones totalmente ilíquidas (esto es, en suspensión de pagos). Ningún trabajador, habida cuenta de que no podrá pagarle su salario hasta que sus inversiones sean rentables, estará dispuesto a trabajar para él. Es evidente que estamos hablando de un empresario tremendamente rico, pero su riqueza está inmovilizada. ¿Cuál es el criterio de comparación? ¿La riqueza? Entonces el trabajador está sometido. ¿La renta? Entonces el empresario está sometido. ¿La liquidez? Entonces el empresario está sometido. ¿Los ingresos futuros? Entonces el trabajador está sometido. ¿Los ahorros? Entonces el empresario está sometido.

Es más, el poder de negociación del trabajador, en ese caso, es muchísimo mayor ya que, durante un tiempo, debería trabajar para el empresario gratuitamente. En caso de que no QUIERA (de nuevo, la voluntariedad), el empresario presentará suspensión de pagos. ¿Quién esta en peor situación? Obviamente, en este caso, el empresario tendrá que llegar a un acuerdo del tipo: "trabaja para mí y dentro de un año, cuando mis inversiones hayan madurado, te pagaré el sueldo atrasado de 12 meses más una compensación de X mil euros". ¿Jerarquía? ¿Dominación? ¿De quién sobre quién?

Segundo, la voluntariedad consiste, tan sólo, en si la persona quiere o no realizar una determinada acción. No podemos hablar de lo que "hubiera querido en caso de estar en otra situación". Eso se conoce como metapreferencias, y no forman parte de la realidad. Y, en todo caso, volvemos al dilema anterior. ¿Cómo medimos las relaciones de igualdad? Si decimos que la "preferencia demostrada" no sirve para conocer las preferencias de un individuo, por no realizarse ésta en un marco de igualdad, ¿cuál es ese marco? ¿Cómo sabemos que en cualquier momento no se producen desviaciones? Por ejemplo, una persona podría someterse voluntariamente a otra para conseguir un favor sexual de ésta. Es evidente que no se encuentran en un plan de igualdad, ¿cómo conseguimos la igualdad ahí?

Por eso, al socialismo anarquista, no pasa de una ideología maltrecha y renqueante. Parten de la libertad para negarla. Es decir, supongamos que hoy todos nos oponemos a la constitución de comunas chiripitifláuticas. Sin embargo, hoy somos desiguales y, por tanto, nuestra decisión no es voluntaria. ¿Qué hacemos? ¿Imponerla? No sólo eso, aquí llegamos a otra contradicción. Supongamos que ahora TODOS queremos constituir estas comunas supermegaguays; dado que partimos de una situación de desigualdad, ¿cómo podemos aceptar el resultado de una voluntariedad viciada? La transición al anarquismo es simplemente imposible, dado que en la desigualdad no puede ejercitarse la voluntariedad. En otras palabras, el único camino que queda abierto es el recurso a la fuerza, a la imposición; al sometimiento por la violencia. Quizá ello sirva para explicar por qué tantos terroristas han blandido el anarquismo para cometer sus actos vandálicos. Mientras la sociedad no fuera del todo igualitarista, la libertad no existía y, por tanto, la coacción tampoco. Si yo no soy libre, nadie puede atacar mi libertad.

El caosismo socialista está abocado al fracaso totalitario. Desde el punto de vista económico es ruinoso (sin propiedad sobre la tierra, ¿cómo se generan precios, rentas y se calcula su uso más adecuado; por no hablar de la abolición de toda jerarquía y de la soberanía del consumidor), desde el punto de vista lógico un disparate (sin igualdad no hay libertad, pero ¿cuál es la vara de medir?) y desde el punto de vista ético una aberración (ataque a la propiedad privada y a las relaciones voluntarias no igualitarias). La única dominación que existe es la que utiliza la fuerza para violar y atacar el derecho de propiedad de las personas, esto es, el Estado y no la metafísica restringen nuestra libertad.

En todo caso, esto nos demuestra que Valín no confunde ninguna parte por el todo. El anarquismo socialista es otra forma de socialismo, entendido éste como ataque sistemático a la libertad y a la voluntariedad. Lenin decía "libertad ¿para qué?" Los anarcosocialistas no se atreven a afirmar "voluntad, ¿para qué?", pero en cambio rezan, "voluntad, ¿qué voluntad?". La parte sigue formando un todo bastante aglutinador.

Eso sí, no deja de ser gracioso que Red Progresista acoja entre sus textos uno en el que se les acusa de totalitarios. Espero que también publiquen mi post.

26 de Septiembre de 2005

Gabriel Calzada vuelve a Canal Sur

Como ya ocurrió hace unos meses, Gabriel Calzada vuelve a los debates de Canal Sur, Mejor lo hablamos, el próximo miércoles 28 a las 22:45 23:45. En esta ocasión disfrutaremos especialmente: si el chivatazo no me falla, entre los contertulios habrá gente tan insigne como Ramón Tamames, José María Mendiluce y la diva de la casa... María Antonia Iglesias. Para no perdérselo. Como siempre, pueden verlo por Internet en esta dirección.

Actualización: El programa es a las 23:45, no a las 22:45. Es posible que lo leyera mal el lunes, si así es, disculpen el error.

25 de Septiembre de 2005

El mundo de ATTAC

Después de ver las sandeces de una de las principales organizaciones izquierdistas sobre el Tercer Mundo, analicemos ahora sus propuestas para el Primer Mundo y, en concreto, para la Unión Europea.

Su plan lo han llamado ABC, porque se divide en tres estrategias. Una para paralizar las políticas "liberalizadoras" de la UE (y para esto simplemente les recomiendo que se queden quietos, pues al muerto no hace falta paralizarlo), otra para "democratizarla", y la otra para pintarla de rojo. Como hemos dicho en la conclusión del anterior post, a ATTAC sólo le interesa conseguir el poder. Ni la pobreza, ni la libertad, ni la democracia, ni el bienestar. Aquí lo vemos claro.

Su plan A (paralizar la liberalización de la UE) es de una majadería tremenda. Básicamente consiste en incrementar el gasto público hasta límites indefinidos (pero indefinidamente altos), recurrir al déficit público (me imagino que Carnicero y Abad no estarán de acuerdo) y bajar los tipos de interés como mecanismo para el crecimiento.

Esto es una bomba de relojaría para un ciclo económico de grandes dimensiones (ríanse del 29). Primero, la reducción alegre del tipo de interés (que se vende a través de un supuesto estimulo al empleo), provoca la expansión de las estructuras de capital sin la correspondiente financiación real. Imaginen que quieren comprar una casa pero carecen del dinero para ello y, en caso de que no la paguen, pierden la casa y todo cuanto han pagado. Esto supone la bajada artificial del tipo de interés; se estimula a los empresarios a invertir en proyectos que no son rentables (sino que sólo lo parecen por la reducción del tipo de interés) y que, llegado al momento (básicamente, cuando los bienes de consumo escaseen su precio se incrementará y ello traerá un aumento de las rentas de los factores productivos que tendrán que aumentarse, también, en los proyectos que no son rentables), supondrá la crisis y el cierre de numerosas empresas.

La situación se agrava si, además, el Estado malinvierte los recursos de la sociedad a través del gasto público o, lo que es peor, recurre al déficit y reduce la cantidad de ahorros con los que podían financiarse las inversiones anteriores (es decir, agrava la situación de falta de ahorros reales que se producirá). Uno puede creer que asistimos ante ignorantes económicos (y en buena parte, así lo creo). Sin embargo, me cuesta creer que tanta maldad reunida sea "casual".

Uno puede ser un ignorante en medicina y creer que con inyecciones de azúcar se curan todas las enfermedades. Pero cuando ese ignorante sostiene que las inyecciones de azúcar sirven para curar solamente a aquellos enfermos en cuya ficha médica aparece el calificativo de "diabético", uno empieza a pensar que quizá no estemos ante un ignorante, sino ante un asesino.

¿Cuál sería la consecuencia para Europa de las medidas de ATTAC? Una crisis económica sin precedentes. ¿Y quién es el culpable de todas las crisis económicas? Obviamente, el capitalismo anárquico, la dictadura de los mercados financieros, las multinacionales y las fuertes tensiones sociales ocasionadas por la desigualdad. En otras palabras, el remedio a la crisis económica pasaría, cómo no, por una ampliación del poder del Estado semejante a la ocurrida en la crisis del 29. Si tenemos en cuenta, además, que estamos ante una organización filocomunista y que, según Lenin, la revolución tiene que producirse siempre en el eslabón más débil, cuesta creer que las propuestas de ATTAC tengan como motivación la resolución de los problemas económicos actuales, sino más bien, como un medio para volver a implantar la dictadura comunista.

En este sentido, la propuesta B (democratización de la UE) va en ese camino. Ampliar el poder del Estado y, al mismo tiempo, justificarlo con su mayor democratización. No es que esté en contra de la democratización de la UE (más bien estoy en contra de la UE), sino de la milonga de creer que la democratización de la burocracia de la UE es la solución a todos sus problemas.

Por último, la propuesta C recuerda el único modelo de democracia que ATTAC, en realidad, puede tolerar: Aun siendo muy importantes, las medidas de democratización institucional del plan B responden solo en parte a las reivindicaciones de amplios sectores populares que quieren dar un contenido democrático, político, pacífico. social, cultural, ecológico y feminista a la construcción europea. Es el conjunto de políticas de la Unión que debe ser objeto de una revisión a fondo.

Es decir, como preveíamos en la estrategia A, se busca la implantación de un Estado socialista, donde la propiedad privada sea una institución caduca y la libertad una licencia política. La conclusión no podía ser otra: ¡Otra Europa es posible. La construiremos todos juntos!
ATTAC y la pobreza

A gran parte de la izquierda, la realidad no le preocupa lo más mínimo. "No sabemos economía, ¿y qué?" Les basta con sus prejuicios y supuestas buenas intenciones para justificar el uso de la coacción sobre millones de personas.

Entre ese grupo de ignorantes voluntarios y orgullosos encontramos a ATTAC. Como saben, ATTAC es una organización constituida para conseguir la imposición de una "tasa" sobre el movimiento internacional de capitales. Constituirse para alcanzar un objetivo tan horroroso (pues consiste en gravar el desplazamiento de los recursos privados que necesitan los países pobres para dejar de serlo) bastaría para descalificar sus declaraciones ulteriores. Pero, para corroborar que estamos ante una agrupación de chamanes, alquimistas y astrólogos, veamos su "opinón" sobre la LX asamblea de la ONU.

La última Asamblea General de las Naciones Unidas se ha saldado con un estrepitoso fracaso. La línea que encabeza resume todo el artículo. Hasta aquí estamos de acuerdo; con un matiz, el fracaso es la constitución de un organismo político internacional. Todas las actuaciones, asambleas y parafernalias sucesivas son simplemente la exteriorización de ese ruinosa iniciativa.

Aunque, como no podía ser de otra forma, las discrepancias comienzan en este punto. Para ATTAC el fracaso se debe a que las estrategias de reducción de la pobreza planteadas hasta ahora en las cumbres internacionales no han conseguido escapar de una filosofía neoliberal que da prioridad a los mercados y a la competitividad. Ya se sabe, la prioridad no debe estar en la sociedad, en los intercambios voluntarios, en la libertad de empresa, en la propiedad privada, en la división del trabajo y en la acumulación de capital. No. La prioridad debe situarse en los impuestos, el despilfarro, la corrupción, las burocracias, el funcionariado, la explotación de los ciudadanos y la nazionalización de los recursos. En otras palabras, la prioridad de ATTAC consiste en trasladar el poder desde la sociedad libre a los cabestros políticos.

La pobreza, según ATTAC, sólo puede solucionarse a través de incrementar los recursos financieros disponibles para el desarrollo, cancelar la deuda externa y permitir a los países pobres decidir y aplicar sus propias políticas comerciales y de alimentación.

¿Y quién puede oponerse a que el capital se dirija libremente hacia África, a que los africanos consigan una situación contable saneada o a que cada persona pueda decidir qué comprar y qué vender? Supongo que nadie. Pero ATTAC, destrás de esas palabras vacías no propone semejante cosa. El incremento de los recursos financieros no consiste en que los occidentales incrementemos nuestra inversión en bienes de capitales africanos, sino en que los distintos gobiernos tiránicos, suyos y nuestros, se repartan NUESTRO dinero y lo inviertan en proyectos abocados al fracaso. El incremento de la ayuda financiera es eso, un fortalecimiento del reino de terror de los gobiernos africanos costeado con la quema de nuestros proyectos e ilusiones.

La cancelación de la deuda es otro nombre para la irresponsabilidad contable. Consiste en defraudar a los acreedores y en NO someter a los africanos a los mismos estándares que toda nación civilizada. Consolida la estupidez de que los africanos son una raza "excepcional" que no tiene que pagar sus deudas y que necesita siempre de una niñera, venga ésta en forma de colonialismo de los "salvajes" o de parternalismo rojo. Como decía June Arunga, sería mucho más sencillo decirles a los Estados occidentales: vuelvan a colonizarnos, esclavícennos, no podemos prosperar y cuidarnos por nosotros mismos.

Y por último, la "libertad" de decisión de los países africanos para decidir sus políticas comerciales supone atacar la libertad de cada africano para comprar o vender en el extranjero. Es un sinónimo para hablar de explotación de sus dictaduras, de restricción de sus transacciones voluntarias, de sometimiento al mercantilismo estéril. ¿Qué tipo de libertad es aquella que le impide a un africano comprar ordenadores más baratos en España que en su propio país? ¿Así queremos contribuir al desarrollo? ¿Fomentando la coacción de los dictadores sobre sus sociedades?

Además, como cabía esperar, ATTAC no puede olvidar su propuesta estrella: perseguir la riqueza. Nadie niega la necesidad de presionar a los gobiernos para acelerar el cumplimiento de sus compromisos, pero Attac considera que ha llegado la hora de superar las prácticas “caritativas” de los poderosos para acercarse una justicia fiscal global, lo que supone pasar de la limosna de los ricos a una fiscalidad internacional basada en unos impuestos que recauden prioritariamente el dinero allí donde se concentra la riqueza.

Yo sí niego la prioridad de que nuestros gobiernos nos atraquen continuamente para mantener a una casta de africanos ricos y para financiar los proyectos de dominación de sus gobiernos. Yo sí niego que los africanos son incapaces de desarrollarse sin la dirección, el control y la neocolonización occidental. Yo sí niego esa ideología puramente racista y socialista de que los africanos necesitan del crimen de nuestros gobiernos para prosperar.

Es más, niego que la mejor manera de salir de la pobreza sea destruir la riqueza. Niego que gravar la concentración de riqueza favorezca otra cosa distinta a su destrucción, al aumento de la pobreza. Niego que la gestión de los recursos por el gobierno sea más eficaz en la satisfacción de las necesidades de los individuos que la de los empresarios. Niego que robar el dinero sea más lícito que obtenerlo a través del intercambio voluntario. Niego que sociedad alguna pueda desarrollarse sin producir, sin propietarios, sin ricos y sin personas responsables que sepan como servir a los demás a través del uso diligente de sus recursos. Niego todo eso, y por ello me opongo a que sea el gobierno quien gestione las propiedades ajenas y les diga, como si de un Papa Noel especialmente rojo, se tratara: "No os preocupéis, nosotros nos ocupamos de vuestro bienestar, relajaos en la butaca". Niego que una sociedad así puede siquiera alimentarse a sí misma.

Por eso, cuando ATTAC dice que seguirá ejerciendo, tanto dentro de Alianza Española contra la Pobreza, como fuera de ella, una creciente presión social contra la dictadura de los mercados financieros para, mediante la introducción de una fiscalidad internacional y la erradicación de los paraísos fiscales offshore, impedir que se siga concentrando riqueza y poder en muy pocas manos, sólo puedo leer que esta gente quiere tomar el poder del mundo para, con la excusa de una pobreza que no le preocupa lo más mínimo, organizar, controlar, y dominar la vida y las propiedades de toda la sociedad. No luchan contra ninguna dictadura del mercado financiero, porque todo mercado financiero se basa en los acuerdos VOLUNTARIOS entre dos partes; lucha por imponer su particular dictadura. Como siempre ha hecho la izquierda. Es más, el lenguaje orwelliano no debería parecernos novedoso.
Carnicero y Abad, dos chaqueteros más

Si Ramonet se declara partidario de un libre comercio que es malísimo, Carlos Carnicero no le va a la zaga. Estos analistas políticos incensiarios, a los que sólo les falta una subsecretaría en el Ministerio de Comunicación y Propaganda, son increíbles.

Con todos los exabruptos que soltó la izquierda sobre el equilibrio presupuestario en tiempos de Aznar, vean ahora lo contento que se muestra el Carnicero, no ya con el equilibrio, sino con el superávit: A pesar de la crisis del petróleo, la economía española crece y el superávit en las cuentas del Estado es un activo importante para el presidente del Gobierno, que ha demostrado que sabe gobernar en minoría parlamentaria con socios tan complicados como pudiera considerarse a ERC.

Ahora cuadrar las cuentas es un activo. Se ve que las leyes económicas varían en función de quién gobierne. Sr. Carnicero, vaya con cuidado, que tanto superávit actual y en el próximo incendio, descarrilamiento de trenes o socavón tendremos que empezar a culpar a ZP por no ser suficientemente pródigo. Y las úlceras no resultan muy aconsejables.

Ahora bien, la mediocridad del plantel de opinólogos de la gacetilla pluralista es notable. Sólo hace falta ver a otro plumífero, José María Abad, escribiendo sobre los presupuestos:

Primero: Los ministros de Hacienda de Felipe González, Miguel Boyer y Carlos Solchaga, asumieron la obligación, entre penosa y gratificante, de sentarse sobre la caja del Estado para que no saliera un duro. Cuesta de creer que tamaña austeridad se viviera durante el eón socialista. Ahora resultará que nunca hubo déficit y que el gasto estaba plenamente controlado. Quizá todo se debiera a la figura esbelta de González o Solchaga, de manera que la presión ejercida sobre la caja del Estado al sentarse sobre ella fue tan minúscula que no impidió un torrente de gastos, incluidos desfalcos varios. Eso sí, todo muy austero.

Pero lo bueno viene ahora: Ahora, en el gobierno Zapatero, su ministro Pedro Solbes también se sienta sobre la caja pero de otra manera, para que no se desborden los euros. ¡Qué buenos son nuestros políticos! Si hasta se les desbordan los euros; un lujo de gestores. Lástima que se haya olvidado de un detalle no muy importante: todo el dinero que se les desborda proviene del inmisericorde atraco a la sociedad. Que ZP o Solbes tengan tanto dinero AJENO me alegra tanto como que lo acumule un atracador de bancos. Si se excita con el crimen, querido José María Abad, hagáselo mirar.

Sólo un recodatorio después de la penumbra traída por sendas lumbreras. El déficit siempre es negativo, no hay excepciones. Pero el equilibrio presupuestario no es esencialmente positivo. Llamazares podría defenderlo sin problemas (de hecho, aquí tenemos a dos ejemplos de antiliberales alabando el superávit). Un Estado comunista autárquico necesariamente estará en equilibrio presupuestario, pero no por ello será positivo. El camino consiste en reducir el peso del Estado, tanto de la mano que roba como de la que despilfarra. Aunque parece que a Carnicero y Abad no les preocupa ni una ni otra con tal de que estén equilibradas. Si es que no hay nada como la esclavitud.
Ramonet a favor del Libre Comercio

O eso quiere dar a enteder. Lo cierto es que un individuo con las ideas tan caóticas sólo sabe dar bandazos a un lado y otro. Por ejemplo, en este artículo sugiere que el libre comercio tiene inconvenientes (Los autores del informe se guardan bien de afirmar, como lo hacen en general los neoliberales, que el comercio sólo tiene ventajas), pero al mismo momento critica las "reglas" mundiales del comercio proteccionista: Aunque los Estados ricos no cesan de prometer la disminución de sus tarifas aduaneras para favorecer las importaciones provenientes de los países en vías de desarrollo, y la reducción de las subvenciones a sus agricultores, la verdad es que esas medidas no se toman.

O una cosa o la otra. La izquierda se encuentra incapacitada para negar los espectaculares logros del libre comercio. Por ello recurre a marear la perdiz. Por un lado intentan hacer suya esa reclamación (camuflando la crítica a los Estados occidentales como una crítica al capitalismo), pero, por otro, siguen arrastrando las consabidas memeces de que el libre comercio es perjudicial. Si así es, el comercio actual no es injusto, Sr. Ramonet, sino tremendamente satisfactorio.

Eso sí, me quedo con la frase de cierre del artículo: Detrás de la retórica del mercado libre y de su mano invisible que pretende armonizarlo todo -dice Kevin Watkins-, se esconde una dura realidad: los agricultores más pobres del planeta no compiten con los campesinos del Norte, sino con los ministerios de finanzas de los países industrializados que sobreprotegen su mundo rural. Y falsean las reglas del juego.

Por mucho que les cueste admitirlo a los comunistas, hay que recordarlo otra vez, Occidente no es capitalista, sino tremendamente invertencionista y keynesiano; esto es, fascista.

23 de Septiembre de 2005

La globalización de los que entienden poco

Jacinto escribe un post titulado "La globalización benéfica y nuestro corto entender". Afortunadamente, a lo largo de todo el texto, el autor reconoce su ignorancia en la ciencia económica. Así, por ejemplo, lo encabeza diciendo: Los que nunca leeremos sesudos tratados de economía (que por otra parte, con toda seguridad, ni íbamos a entender) tenemos que conformarnos(…) con aplicar nuestra propia regla de tres

Siempre me ha hecho gracia esta gente que dice: "Yo no sé economía, me limito a observar la realidad". Y así, la mala visión del ciego, da pie a párrafos como estos: donde ellos ven oportunidades de integración en los mercados internacionales nosotros vemos multinacionales "merendándose" empresas nacionales; donde ven creación de empleo vemos inseguridad, contratos abusivos, movilidad laboral indiscriminada, sueldos precarios, explotación inmisericorde...; donde ven prosperidad y progreso vemos culturas cercenadas, guerras estratégicamente diseñadas, datos retenidos, conocimiento secuestrado, software propietario impuesto, derechos de propiedad intelectual prolongados en el tiempo..

Ahora imaginen por un momento lo siguiente. Empiezo un post diciendo "No he leído jamás un libro sobre astrofísica, pero me voy a guiar por lo que veo: el Sol gira alrededor de la Tierra".

Inmediatamente, sería la mofa pública. Sin embargo, aquellos que no entienden el funcionamiento de la economía y se limitan a observar y establecer relaciones causales sin un conocimiento científico que los respalde, son vistos como "humanistas" y "progresista". Muera la inteligencia.

Pero como no queremos que las visiones alucinógenas de Jacinto permanezcan, trataremos de explicarle por qué tiene que graduarse las gafas.

Dice Jacinto: no podamos ver como beneficioso para el hombre como individuo libre el que una multinacional cierre una factoría, dejando a miles de personas sin trabajo, para trasladarla a otro lugar donde los obreros cobrarán salarios de miseria o incluso trabajarán en régimen de explotación

En realidad, la cuestión es, ¿beneficioso para qué hombre? Cuando una multinacional cierra su sede en EEUU y se traslada, digamos, a Vietnam, al menos tres grupos de personas salen beneficiadas y una perjudicada.

¿Quiénes salen beneficiados? Por un lado los propietarios de la multinacional, esto es, sus accionistas. No olvidemos que la jubilación de los accionistas depende, sustancialmente, de la buena marcha de la empresa. Cambiar de un país a otro puede significar jubilarse un par de años antes; quedarse en EEUU puede suponer la quiebra (y, por tanto, una jubilación mucho más tardía). ¿Acaso lo progresista será disminuir y retrasar las pensiones?

Por otro lado, también los trabajadores de Vietnam saldrán beneficiados, aun cuando trabajen en "régimen de explotación", cobrando "salarios de miseria". La cuestión es bastante simple: si las condiciones laborales que les ofrecen las multinacionales son tan malas, ¿por qué las aceptan? Claramente, porque son mejores que las que tenían con anterioridad. Es más, conforme las multinacionales vayan llegando al país, los salarios necesariamente tendrán que aumentar.

Imaginen que tenemos 1000 habitantes en una ciudad que están dispuestos a trabajar por 1 euro al año. Es evidente que todas las empresas querrán contratar a esos trabajadores. Entran dos empresas que contratan cada una a 500 trabajadores. ¿Termina aquí el proceso? Claro que no. Una empresa cualquiera puede "arrebatarle" a cualquiera de esas empresas 100 trabajadores pagándoles, simplemente, dos euros al año (y es que dos euros al año sigue siendo un salario suficientemente atractivo como para atraer a las empresas). Si no le paga 2 euros al año, los trabajadores no cambiarán de empresa (suponiendo que el resto de servicios sean idénticos). En ese caso, la empresa que los tiene contratados tendrá que dejarlos marchar (reduciendo su producción) o pagarles una mayor cuantía (pongamos 3 euros al año). Y, de la misma manera, la empresa que los quiere contratar tendrá que incrementar su oferta hasta 4 (y 4 euros al año sigue siendo un sueldo atrayente para las empresas). En otras palabras, cuantas más multinacionales se instalen en los países extranjeros, más escaso será el trabajo y, por tanto, sueldos más elevados pagarán las empresas. ¿Acaso lo progresista será retener a los vietnamitas con esas penosas condiciones laborales anteriores?

Por último, los consumidores también salen beneficiados, por diversos motivos. La reducción de costes puede traducirse en una reducción de precios, en un aumento de la calidad o en un incremento de la inversión. Si se verifica este último incremento de la inversión, la estructura de capital de la sociedad aumenta y la producción sube. Es posible, por ejemplo, que las empresas que producen en Vietnam decidan invertir para reducir costes y poder vender coches a los bajos precios que están dispuestos a pagar los vietnamitas. En otras palabras, los consumidores (bien occidentales, bien orientales), saldrán beneficiados.

Y ahora toca hablar de quien paga los platos rotos: el trabajador occidental que pierde su empleo por la deslocalización. En primer lugar, y antes que nada, hay que recordar que se produce PARA consumir. Si yo soy Robinson Crusoe recojo bayas para consumirlas; si soy un empresario produzco aquello que los consumidores desean. No tiene sentido en una sociedad producir aquello que los consumidores no quieren O BIEN aquello que quieren menos que otras cosas (por ejemplo, puede que la gente desee tener máquinas de escribir en casa a modo de antigualla decorativa, pero quizá no esté dispuesto a que esas máquinas se produzcan a costa de los ordenadores). Estas preferencias de los consumidores se materializan a través de los precios y los costes. Si los costes superan el precio de venta, ello significa que hay otras líneas productivas prioritarias.

La deslocalización permite mantener la producción de unas empresas (aquellas cuyos precios aumentan en relación a sus costes, esto es, las empresas de productos más necesitados como, en nuestro ejemplo anterior, los ordenadores) sin reducir la de otras (aquellas cuyos costes aumentan en relación con sus precios, esto es, en nuestro ejemplo anterior, las máquinas de escribir). La razón es que los trabajadores occidentales que antes producían máquinas de escribir ahora pueden producir ordenadores y, por su parte, los trabajadores vietnamitas sustituyen a los occidentales en la producción de máquinas de escribir.

No tiene sentido, por tanto, impedir la deslocalización para beneficiar al trabajador. Primero, porque el trabajador no tiene ningún derecho a obligarnos a consumir a los individuos aquello que no queremos (máquinas de escribir en lugar de ordenadores) y, segundo, porque seguirán quedando ocupaciones en Occidente para satisfacer al consumidor (otra cosa es que el trabajador tenga que conformarse con un salario menor).

Pero, además, a largo plazo perjudica incluso al propio trabajador. Si la agricultura europea de finales del s.XIX no hubiera deslocalizado la producción de cereales a EEUU y Australia, el desarrollo industrial subsiguiente hubiera sido infinitamente menor. ¿Con qué trabajadores producimos coches si están empleados labrando los campos? Y claro, si nos perpetuamos en ocupaciones primitivas, como el cultivo de cereal, nuestra riqueza será mucho menor. En otras palabras, si hubiéramos impedido durante todo el s.XX la deslocalización finisecular del s.XIX hoy estaríamos todavía con el azadón.

Por no hablar, claro está, de la competencia extranjera que, en estos casos, arrasa con la ineficiente producción nacional. ¿Acaso alguien cree que los trabajadores del textil han salido beneficiados después de décadas de producción ineficiente? Ahora están siendo apartados por los productos chinos. Se ha hipertrofiado estatalmente una industria y nos quejamos de los cambios "drásticos".

Claro, podemos evitar los cambios drásticos con un poco más de intervencionismo: autarquía total. Pero después de la experiencia franquista, salvo a redomados progresistas, no creo que a nadie le queden ganas de volver a proponerla.

Concluyendo este punto: el progresista Jacinto critica la deslocalización porque no beneficia a nadie. Los topos a su lado son linces.

El siguiente punto que critica Jacinto es que sin dignidad o igualdad no hay libertad. Sin dignidad no hay libertad; más bien lo que hace digno al hombre es la elección correcta ante cada circunstancia; y esa elección sólo puede garantizarse a través de la libertad. La dignidad NUNCA ha estado relacionada con alcanzar determinadas circunstancias. En ese caso habría que decir que todos nuestros antepasados han sido indignos. Las circunstancias las crea el hombre a través de su acción y su elección. Ante cualquier circunstancia el hombre tiene un espacio para elegir y en la bondad de esa elección está su dignidad. Decir que el hombre sólo es digno si tiene casa, ordenador, o móvil es un disparate. El hombre que hoy no tiene qué comer puede ser perfectamente digno: por ejemplo, si en lugar de atracar decide trabajar o protestar ante el gobierno por el hecho de que sus restricciones no le dejan trabajar.

Enlazado con este tema habla del trabajo infantil: Y el que sus hijos trabajen doce horas diarias en lugar de ir a la escuela, fabricando zapatillas deportivas y hasta juguetes para los nuestros, no parece la mejor de las soluciones posibles. Siempre visto desde la simpleza de nuestra regla de tres, claro está.

El trabajo infantil contribuye al enriquecimiento de una sociedad y de una familia. Cuantos más sueldos, mayor renta. Este incremento de la renta, a su vez, permite a la familia ahorrar y, con los ahorros, se dispara el proceso de creación de capital en ese país que, al final, redunda en mayores salarios y en la falta de necesidad por que los niños trabajen (es más, en el incremento de la rentabilidad de que se dediquen a otra cosa: educarse y formarse). Ya expliqué por qué los países pobres no necesitan hoy de educación. De nada serviría sin capital. En todas las sociedades pobres, a lo largo del mundo y de la historia, los niños han trabajado. Prohibir el trabajo infantil da lugar a la perpetuación de esa pobreza y, por tanto, al incremento de la mortandad o al trabajo infantil informal. Que los niños vayan a la escuela sólo puede ser el efecto del desarrollo y la prohibición del trabajo infantil, por desgracia, es una de las causas del subdesarollo.

Después de tan elaboradas reflexiones, Jacinto concluye: Simplificando, que es lo nuestro, no podemos creer en las bondades de un proceso globalizador en el que el ser humano, como ser individual o como totalidad de individuos, cuenta tan poco. Por no decir que nada

¿La libertad de desplazamientos de personas, capitales y mercancías no tiene nada que ver con los individuos? ¿Qué yo pueda viajar a Nueva York no me afecta? ¿Qué yo pueda prestar o pedir prestado dinero a un africano no me afecta y le afecta? ¿Que yo pueda comprar libros por Amazon no me afecta? ¿No soy yo un individuo? ¿No lo es usted? ¿En qué mundo vive para decir que todo ello no tiene nada que ver con el individuo?

Eso sí, Somos así de sencillos. Y me temo que ya no tenemos remedio.. Yo no diría sencillos, sino simples. El problema es que esa actitud genera pobreza, trabajo infantil y muertes. Lo lamentable es que la ignorancia de una corte de chamanes, jerarcas e intelectuales ocasione la pobreza en países enteros. Si yo no sé astrofísica, mi ignorancia no redunda en ningún mal ajeno; no pretendo, por ejemplo, utilizar la fuerza para prohibir que se lancen satélites fuera de la Tierra arguyendo que, dado que el Sol también gira a su alrededor, terminarán chocando el Sol y los satélites. Mi ignorancia es mía, no la impongo. Pero su ignorancia económica, su torpe ceguera, no sólo es suya, sino que quieren que millones de personas la sufran y padezcan.

Para acabar con la riqueza hay que crear riqueza, y los anteojos desenfocados de algunos sólo justifican su obstrucción.

Actualización: Había hecho un trackback (colocar un enlace) en el post de Jacinto, pero lo ha quitado (tal vez tiene miedo de que sus lectores aprendan economía, más allá de la típica miopía crónica que saca a relucir en su post). Está en su derecho, es lo que tiene la propiedad privada que izquierdistas como él no quieren reconocer. No deja de ser curioso, con todo, que un ciberpunki netorratoniano corte el crecimiento enredado  de la Red. ¿Acaso no había que extenderse, ramificarse e interrelacionarse? Parece que no. ¿Dónde ha quedado aquello de que la comunicación debía realizarse entre blogs y no dentro de cada blog? Fíjense que en su web tiene un curioso slogan "la retención de datos no es la solución". ¿Se puede caer en mayor incoherencia? Cuanta menor comunicación, cuanta mayor retención, mejor: sobre todo si el enlace se produce desde sitios "incómodos".

21 de Septiembre de 2005

Bienes no tan públicos

Es curioso cómo algunos critican la libertad sin ni siquiera conocerla. Chinchetru, ante los disparates de algún escolar, reitera que la posible iniciativa de google para ofrecer wifi gratis es una medida completamente liberal. Es desesperante que algo así tenga que repetirse. Precisamente acciones como ésta son la esencia del capitalismo.

Entre otras cosas, la verosimilitud de la noticia vuelve a demostrar, nuevamente, la invalidez de la teoría de los bienes públicos. ¿Quién gastará en un servicio que luego podrán aprovechar todos sin haber contribuido a él? Pues en este caso Google (No deja de ser gracioso que Google entierre la Ley de Googin). El Estado no tiene por qué atracar a los contribuyentes para proporcionar un bien que nadie más es capaz de hacerlo.

Otro ejemplo que tira por el suelo la torpe teoría del bien público lo tenemos en el siguiente enlace que me pasa Erthel. Se trata de la lista de empresas privadas que han donado dinero a la Cruz Roja para la asistencia en el Katrina. No estamos hablando de cantidades baladí (Yahoo o Amazon han donado más de 10 millones de dólares); y conste que se trata SÓLO de donaciones a la Cruz Roja.

Aquí también observamos por qué el Estado no tiene por qué encargarse de proveer bienes que nadie más puede proveer. Simplemente es falso que esto sea así. Es más, en tanto mantengamos el mito de que sólo el Estado está capacitado para reconstruir las zonas afectadas por desastres varios, la ciudadanía sentirá que ha delegado la responsabilidad en el Estado y que no es necesario hacer nada. Si el poder público tiene la situación controlada, ¿para qué voy a hacer nada más? El problema, claro está, es que el poder público nunca la tiene y mientras no lo admita, la ilusión de su eficacia inunda la sociedad.

Claro que para algunos escolares quizá la caridad privada también vaya en contra de las leyes del mercado. La cuestión está en cuáles son esas leyes que impiden un intercambio voluntario y, por tanto, mutuamente beneficioso. Será que incluso en las leyes económicas son estrechos positivistas.

18 de Septiembre de 2005

Textos fascistas de ayer y hoy (I): El corporativismo fascista como llave del Nuevo Orden Internacional

De la misma manera que una inmensa parte de la mentalidad estatalista actual no es más que una derivación lógica del marxismo, otra buena parte supose la puesta en práctica de las ideas económicas fascistas. No en vano John Kenneth Galbraith, en La Era de la Incertidumbre, afirma que Hitler fue el auténtico precursor de las ideas keynesianas.

Por ello comenzamos hoy la traducción de una serie de textos fascistas (extraídos de esta recopilación de la Universidad de Oxford) que irán seguidos de un breve comentario. El texto de hoy es "El corporativismo fascista como llave del Nuevo Orden Internacional" de Ugo Spirito, filósofo fascista.

El corporativismo fascista como llave del Nuevo Orden Internacional

El rasgo distintivo del novedoso concepto de "corporativo" cuando lo comparamos con el liberalismo y el socialismo puede observarse mejor en la esfera internacional. Si el término "internacional" significa "la relación entre naciones", puede afirmarse de manera rotunda que sólo bajo el corporativismo podemos hablar seriamente de algo "Internacional". El internacionalismo liberal y socialista era del tipo "antinacional".

La autenticidad de esa afirmación se puede demostrar especialmente en economía, donde el problema real del internacionalismo ha emergido y ya se han intentado varias soluciones. La Escuela de economía tradicional del laissez-faire negaba la existencia de fronteras y, por tanto, de naciones: al menos en lo que respecta a la vida económica (esto es, los intereses inmediatamente concretos y visibles de cada ciudadano) la nación no tiene ninguna importancia.

Pero la visión opuesta, las demandas socialistas por un estatismo abstracto, conducen a la misma conclusión. En la práctica, el Estado en el cual cada uno tiene que obtener justicia y libertad es un Estado que abole las diferencias entre individuos y, con ellas, entre nacionales. "Proletarios de todo el mundo, uníos" es el lema de los socialistas, que significa "Reniega de tu Tierra Natal por la humanidad", "reniega de los estados por El Estado que te redimirá".

En contraste, el fascismo reconoce el valor de la demanda universalista que se encuentra en el fondo del denominado internacionalismo liberal y socialista, y proclama la necesidad de un genuino internacionalismo basado en los principios corporativos.

Al desplazarse desde el individuo al Estado, de corporación a corporación, llegamos finalmente a la corporación nacional. Pero, en contra de un nacionalismo por naturaleza miope que proclama el dogma de la independencia económica y sólo tiene como arma el proteccionismo, el Fascismo ha entendido que el auténtico triunfo del corporativismo reside en expandir el éxito de la idea corporativa a lo largo de todo el mundo. Y, si bien hemos de imponer aranceles a las importaciones obligados por las circunstancias actuales, nos enfrentamos a las impuestos aduaneros y a las egotistas limitaciones al comercio internacional. Esto, por supuesto, no tiene nada que ver con defender el anarquismo individualista del laissez-faire, sino con establecer un sistema de colaboración entre naciones donde cada país, al organizar su economía de una manera planificada, tenga en cuenta las organizaciones presentes en los otros países y llegue a acuerdos entre ellos para lograr una mejor coordinación de los programas.

De la misma manera en que no abole las distinciones entre individuos, el corporativismo no es una fuerza niveladora entre naciones, y de la misma manera que reconoce el valor de cada individuo y su necesidad de afirmar libremente su personalidad, reconoce, dentro del sistema internacional, la peculiar contribución de cada país en la creación de una nueva civilización.


Hasta aquí el texto de Ugo Spirito. Lo primero que sobresale de su reflexión es una voluntad declarada de separarse tanto del liberalismo como del socialismo. Este mismo deseo lo encontramos hoy en la denominada "Tercera Vía" cuyo lema, precisamente, viene a ser "ni liberalismo, ni socialismo"; no sólo eso, la Tercera Vía, al igual que el fascismo, se plantea también como una superación "mejorada" de ambos. Ugo Spirito considera que el "internacionalismo" subyacente al socialismo y al liberalismo como un punto positivo pero que debe ser "pulido". Los defensores del intervencionismo también consideran el "sistema de precios" como el mejor instrumento del capitalismo (algo de lo que carece el socialismo), para, a renglón seguido, añadir que debe ser complementado por dosis de planificación que corrijan sus ineficiencias y dislates. Quizá por ello, algunos defensores tan destacados de la Tercera Vía, como Gordon Brown, sean, a su vez, reconocidos (neo)keynesianos.

Pero, además, otra característica que recorre todo el texto es la idea holista de "nación". No hay internacionalismo posible sin la nación que, a su vez, queda recogida en la capacidad de la misma para moldear su destino a través del Estado. El internacionalismo NO es la fusión de las naciones, sino su agregación impermeable. No es difícil reconocer esta misma idea en la famosa "Europa de los pueblos"; no estamos ante el pueblo de Europa, sino ante una suma concertada de puebloS que forman la realidad europea: Tenemos una visión de una Europa armoniosa constituida por una diversidad de pueblos que colaboran entre sí. Deseamos proteger la riqueza de nuestra diversidad y beneficiarnos, al mismo tiempo, de las posibilidades que nos ofrece una Unión ampliada.

Aunque quizá lo más curioso sea la concepción internacionalista del fascismo, esto es, la acción conjunta de Estados intervencionistas planificadores. Quienes deben relacionarse, tomar decisiones, comerciar y llegar a acuerdos no son los individuos ni las empresas, sino los Estados. Spirito proclama la abolición de los aranceles en el comercio entre Estados, pero no, como él dice, por coincidencia con el laissez faire, sino para facilitar el consenso entre naciones soberanas. Y, por esta misma soberanía, nada impide que, cuando un Estado lo considere pertinente, recurra a la política proteccionista. De nuevo, esta forma de concebir el "libre comercio" tiene mucho en común con los grandes organismos internacionales, especialmente la Organización Mundial del Comercio; son los Estados los que deciden qué aranceles imponerse, prescindiendo de la necesaria libertad individual para moverse y comerciar. Así mismo, nada impide que un país imponga a otro aranceles como represalia por otros aranceles previos (es decir, en función de las "circunstancias actuales"): La Organización Mundial del Comercio es la única organización global e internacional que se ocupa del comercio entre naciones. En su corazón se encuentran los acuerdos de la OMC, negociados y firmados por la mayor parte de las naciones comerciantes del mundo y ratificados por sus parlamentos. El objetivo es ayudar a los productores de bienes y servicios, exportadores e importadores manejar sus negocios.

Obviamente, la pretensión de ayudar a que cada persona dirija su vida queda subordinada a los distintos "intereses nacionales" pues, al fin y al cabo, es cada Estado quien planifica el grado de apertura pertinente para sus objetivos. En definitiva, tampoco resulta casual que quien propusiera la creación de agencias de control internacionales -como el FMI o una embrionaria OMC- fuera el propio Keynes.

Y, por último, encontramos el relativismo moral y cultural como otro de los fundamentos del fascismo. Algunos piensan que el relativismo es la respuesta al exceso de intolerancia de los totalitarismos. Sin embargo, lo que el relativismo en última instancia implica es una tolerancia absoluta, también a las manifestaciones culturales propias del "totalitarismo". Si no hay valores ciertos o todos los valores son iguales, entonces ¿qué fortaleza podemos mostrar ante el fascismo?

La Alianza de Civilizaciones es la conclusión perfecta de toda esta exposición fascista: Quiero proponer ante esta asamblea una Alianza de Civilizaciones entre el mundo occidental y el mundo árabe y musulmán, sentenció Zapatero ante la ONU. Y más adelante afirmó que su objetivo fundamental era profundizar en la relación política, cultural, educativa, entre lo que representa el llamado mundo occidental y el ámbito de países árabes y musulmanes

Por un lado tenemos la identidad cultural occidental, por otro la identidad cultural árabe. Los acuerdos entre ambas deben realizarse, no a través de las relaciones libres entre los distintos individuos, sino de los acuerdos de sus representantes en la sede del organismo internacional de la ONU. No sólo eso, la civilización occidental y la musulmana se colocan en un plano de relativista igualdad. Ambas contribuyen, de la misma manera, en la creación de una nueva civilización. No son iguales, ni tampoco se pretende que lo sean. La excepcionalidad de la cultura musulmana justifica lo injustificable en Occidente. También el GEES parece opinar lo mismo: La Alianza, al igual que el diálogo de Jatami, fija las civilizaciones, puesto que el diálogo busca el entendimiento del otro, no su cambio o transformación. Es, por tanto, un planteamiento absolutamente relativista: nuestros valores no tienen por qué ser universales y debemos respetar los del los otros, aunque sean nuestros enemigos.

Lo único relevante es el acuerdo, el diálogo, el talante, en los organismos internacionales. Esto es el auténtico internacionalismo del que hablaba Ugo Spirito, el multilateralismo corporativista y estatalista. El Nuevo Orden Internacional.

16 de Septiembre de 2005

Valor Trabajo, réplica a Diego Guerrero (I): Pasos uno y dos

Después de criticar la supuesta "refutación" de Diego Guerrero a la teoría de la utilidad marginal decreciente, pasemos ahora a examinar su alternativa: la teoría del valor trabajo.

Del artículo enlazado sólo nos interesa la primera parte y el apéndice cuatro (en el link enlazado, por desgracia, no está el apéndice 4 del que sí dispongo merced al artículo completo que me ha enviado Guerrero como supuesta respuesta a mis críticas), sólo aquí aparece propiamente la teoría del valor trabajo. Las restantes partes del artículo son derivación de éstas y, además, han sido tratadas de manera bastante superficial por Diego Guerrero. En la primera parte, Guerrero procede a demostrar la teoría del valor en tres pasos. Hoy criticaremos los dos primeros pasos criticando su desarrollo argumental.

Básicamente, para quienes no hayan leído jamás nada acerca de la teoría del valor trabajo, el autor quiere probar que el valor de cambio de las mercancías (su precio) depende de la cantidad de trabajo socialmente necesario para su producción y que está incorporado en ellas. Para demostrarlo recurre a un argumento bastante simple: pongamos que un piano se intercambia por 10 guitarras. Si ello es así, el precio del piano debe ser igual al de diez guitarras guitarras, con lo cual, si dividimos el precio de un piano por el de una guitarra, obtendremos un coeficiente que nos dará la equivalencia entre los pianos y las guitarras. Ese coeficiente, en este caso, será de uno a diez (un piano a cambio de diez guitarras).

La cuestión, por tanto, reside en interpretar ese coeficiente (esto es, que una guitarra vale lo que la décima parte de un piano o que un piano vale como diez guitarras). Dado que una operación similar (la división entre el precio de dos mercancías) puede efectuarse con todos los bienes del mercado, la interpretación del coeficiente tendrá que pasar por encontrar una característica común a todas ellas (¿qué tienen en común las guitarras con los pianos para que al dividirlos nos dé un cierto coeficiente?). Según Guerrero, podemos estar tentados a decir que la masa, el peso o el volumen, sin embargo, en ese supuesto, los servicios no entrarían en la categoría de bien económico. De esta manera, llegamos a la conclusión de que la única característica común a todas las mercancías es que han sido producidas por la fuerza del trabajo humano. Y de esta manera tan sencilla, la fuente del producto se convierte en fuente de valor.

Básicamente esta es la tesis central del artículo que coincide con la teoría marxista ya refutada por Böhm-Bawerk (por mucho que Guerrero se niegue a reconocerlo). Desde luego, Guerrero no entra de lleno en el espinoso tema de la transformación, piedra de toque del economista austriaco. Siendo ello así, pasemos a criticar su análisis.

Igualdad en el intercambio y en el mercado

La primera deficiencia grave de la teoría de Guerrero es el supuesto de que las mercancías se intercambian por igualdades. Yo compro 10 manzanas y entrego 5 peras porque el valor de ellas es el mismo (sólo así puede entenderse las ecuaciones que plantea Guerrero). Esto no tiene ningún sentido ya que si yo valoro IGUAL las peras que las manzanas, no hay motivo alguno para efectuar el intercambio. Sólo porque yo valoro MÁS las manzanas que las peras, estoy dispuesto a entregar cinco de MIS peras a cambio de 10 de SUS manzanas.

Por supuesto, Guerrero argüirá que yo estoy haciendo referencia al valor de uso y no, como él y Marx, al de cambio (precios). Sin embargo, aquí hay que recordar que, como el propio Guerrero reconoce en el apéndice 4 en referencia a la utilidad "social": [es el] presupuesto necesario del valor y del valor del cambio, y razón por la cual Marx arranca su obra diciendo que la mercancía ya es en sí un valor de uso. Sin valor de uso no hay valor de cambio. El problema es que aquí entramos en una razonamiento circular; si las mercancías se siguen intercambiando entre igualdades en sus valores de cambio, ello significa que el valor de uso es irrelevante (ya que el valor de uso puede cesar, pero el intercambio continuar). Y si lo que gobierna (el presupuesto necesario) el valor de cambio sigue siendo el valor de uso (la utilidad) entonces los intercambios no tienen nada que ver con las ecuaciones de sus valores de cambio, o de sus precios, sino con las desigualdades de los valores de uso de las mercancías intercambiadas. Por tanto, o el marxismo asume la irrelevancia de los valores de uso o la igualdad de valores de cambio no se sostiene.

En otras palabras, que el precio de un CD sea de 20 euros no significa que vaya a intercambiar mis 20 euros por ese CD, por mucho que el valor de cambio de un CD sean 20 euros y el valor de cambio de un euro una 1/20 parte de un CD. Sólo lo haré si valoro MÁS el CD (valor de uso) que mis 20 euros (valor de uso). Los valores de cambio están necesariamente dominados por los de uso; al asumir que el intercambio se realiza en función de igualdades en los valores de cambio se asume, a su vez, la irrelevancia de los valores de uso y, en cierta medida, su igualdad (en cuanto a irrelevancia en el proceso de mercado).

Además, hay otro problema incluso anterior. Dice Guerrero en relación a las mercancías que: Cada tipo de mercancía específico (supongamos que haya, por ejemplo, dos millones de tipos diferentes) se distingue de todos los demás, por definición y que Pero al mismo tiempo las mercancías están en el mercado -lo cual es un hecho (fenómeno) totalmente real-, y esto, de alguna manera, iguala entre sí.

Primero, el bien económico SÓLO es bien económico en tanto sea útil y escaso (y la escasez, lógicamente, sigue siendo un elemento subjetivo: para mí -para mis fines- el cacao no es en absoluto escaso, pues no lo utilizo en absoluto, aun cuando sea físicamente escaso). Sólo cuando el ser humano establece un fin y descubre un medio "escaso" merecerá la consideración científica de "bien económico". Por tanto, el valor de uso, como reconoce Guerrero, es presupuesto del de cambio -no es irrelevante- pero además lo gobierna. En tanto el valor de uso desaparezca, el de cambio también lo hará. En tanto el valor de uso disminuya, el de cambio también lo hará por debajo de lo que lo hubiera hecho.

Segundo, precisamente por ello no podemos hablar de que existe una igualdad entre las mercancías (están en el mercado) que nos sirve para encontrar un componente idéntico (han sido producidas por el trabajo humano) en todas ellas. Esa igualdad que se predica surge de la utilidad y perdura en tanto perdure la utilidad. Volviendo al ejemplo anterior, para mí el cacao no está en MI mercado (a no ser, obviamente, que le encuentre finalidades especulativas, cosa que por ahora no ha sucedido). Si ese desagrado por el cacao empieza a extenderse, por mucho que la cantidad de trabajo socialmente necesaria para producir barras de chocolate se mantenga, la cantidad de intercambios con respecto al cacao disminuirá y, por tanto, o el empresario del cacao disminuye su producción (si bien no está obligado a hacerlo, o no tiene por que ser un buen empresario para hacerlo) o el precio caerá. Vemos, pues, cómo la utilidad de cada individuo afecta al monto de ventas del empresario y, por tanto, a sus beneficios. Si los beneficios caen, deberá reducir costes, pero no necesariamente costes laborales (pensemos en una situación donde exista una especial escasez de capital) para poder reducir el precio. En ningún momento hemos necesitado aludir "necesariamente" a la reducción del trabajo socialmente necesario (el marxismo suele considerar la depreciación del capital como el añadido del "trabajo congelado" al precio del producto final, pero la depreciación es una idea netamente económica que depende de la dotación de reservas para amortizarla; si yo decido dotar reservas cuando la máquina está totalmente depreciada, difícilmente puedo señalar que haya incluido algún tipo de valor a los productos producidos hasta entonces. De la misma manera, si un empresario vende la máquina una vez amortizada totalmente -durante el primer año de s vida útil-, ya no puede considerarse que disminuya la depreciación y por tanto la fuerza de trabajo incluida en los productos porque, a excepción de los cambios intertemporales de valor, esa máquina ya está totalmente amortizada y su depreciación se ha concentrado en los primeros años).

Tercero, Guerrero no puede eludir en este punto aceptar la utilidad marginal decreciente. El aire es útil (por tanto su presupuesto para el valor de cambio termina aquí), pero no es escaso (económicamente). En otras palabras, nadie está dispuesto a comprar o vender aire porque la utilidad de una unidad adicional (esto es, el valor del fin marginal que pasaría a satisfacer esa unidad adicional) es nulo. Sin embargo, siguiendo los presupuestos de Guerrero nada debiera evitar que el aire se embotellara y se vendiera en el mercado, de manera que adquiera también valor de cambio. Si el aire es útil y es transformado a través del trabajo (embotellamiento), se intercambiará en función del trabajo socialmente necesario para la producción de una "botella de aire" (y no me estoy refiriendo, obviamente, a bombonas de oxígeno que sí reciben un especial tratamiento y proporcionan oxígeno allí donde es ESCASO -bajo el agua por ejemplo-, sino a botellas de plástico llenas de aire que nos lo puedan proporcionar allí donde no lo es -ahora mismo, por ejemplo). ¿Por qué no ocurre? No porque la botella de aire no sea útil (en un mundo extraordinariamente contaminado podría serlo), sino porque AQUÍ y AHORA no sirve para satisfacer ningún fin o, al menos, ningún fin importante. En otras palabras, dado que la aparición de un medio adicional se dirige a la satisfacción de un fin marginal (aquel que no podía satisfacerse antes por insuficiencia de medios), y dado que los fines podrán ordenarse de mayor a menor importancia, los medios adicionales tendrán la utilidad (descontando el interés) de los fines marginales. En caso cotnrario, AQUÍ y AHORA deberíamos estar encantados y dispuestos a comprar botellas de aire embotelladas, intercambiándolas por productos que incorporen una igual fuerza de trabajo que el embotellamiento.

Los coeficientes

OIro fallo considerable que comete Guerrero es la interpretación de los coeficientes. Recordemos. Si un piano tiene un precio de 1000 euros y una guitarra de 100, entonces, dividiendo piano/guitarra, tenemos una relación de 10 a 1, es decir, un coeficiente Apg=10 o Agp=0,1 (los subíndices dan muestra de la división, pg significa piano/guitarra y gp guitarra/piano). Esto significa que hay un componente idéntico en el piano y la guitarra en relación de 10 a 1. Y en este punto, Guerrero sostiene que los economistas tienen dos alternativas: a) O bien se dice que cada uno de los aij tiene el valor que tienen ("valor" entendido aquí como "magnitud") simplemente "...porque sí". b) porque ésa es la relación numérica exacta determinada por el cociente real de las cantidades realmente existentes de una cierta, específica, determinada, propiedad concreta que está presente en esa medida en cada una de las dos mercancías comparadas en el mercado

Lógicamente, Guerrero sigue la altenartiva b), añadiendo que la "propiedad concreta que está presente en esa medida en cada una de las dos mercancías" es el trabajo humano. Aquí hay que hacer varios comentarios.

Primero, como el propio Guerrero reconoce, los coeficientes son valores relativos, derivados de valores absolutos. La cuestión, por tanto, es cómo aparecen esos valores absolutos. En ese sentido, el argumento de Guerrero tiene que ser que los coeficientes están predeterminados. Dadas las condiciones sociales de producción, sólo esos coeficientes eran posibles. Pero, nuevamente, las condiciones de producción no son un dato objetivo e irreductible; las condiciones de producción se adaptan a las necesidades de los consumidores. El hecho de que no se produzcan diariamente Torres de Marfil de 50 metros hace que el número de guitarras sea más abundante y, por tanto, su precio menor (Si cada día produjéramos una Torre de Marfil, la cantidad de recursos disponibles para otras producciones sería mucho menor y, por tanto, también la producción). Si los coeficientes estuvieran predeterminados por las condiciones sociales de producción (el tiempo de trabajo socialmente necesario para producir una guitarra), en ese caso, poco importaría su cantidad para determinar su precio. Si tenemos un stock de un millón de guitarras en toda España, su precio será el mismo que si tenemos solamente una (esta es la única conclusión que puede derivarse de una teoría que rechaza la utilidad marginal y entroniza el valor trabajo), en otras palabras, su coeficiente con respecto a los pianos seguiría siendo de 10 a 1.

Si ello no fuera así, es decir, si el precio no fuera independiente de la cantidad (recordemos que el valor se incorpora en CADA mercancía según el tiempo socialmente necesario para producirLA) , entonces la relación de una mercancía con respecto a otra ya no guardaría un coeficiente constante a las condiciones sociales de producción (al trabajo socialmente necesario para producirlas) y, en definitiva, los coeficientes no estarían predeterminados sino que se derivarían temporal y lógicamente de la división de los valores absolutos. Y ello, claro está, arruinaría el argumento de Guerrero.

Recordemos, para resumir, que el valor queda determinado por las cantidades realmente existentes de una cierta, específica, determinada, propiedad concreta que está presente en esa medida en cada una de las dos mercancías. Esas cantidades son cantidades de trabajo que son independientes, en cada unidad, de la cantidad global de producción; sobre el precio no influye la cantidad de productos, sino el trabajo incorporado. Sea cual sea los componentes de la producción global de una sociedad, el precio de cada mercancía seguirá siendo el mismo. Los coeficientes son a priori (haciendo abstracción de las condiciones concretas de producción), independientes de las producciones y las cantidades concretas de cada bien.

Por supuesto esto es ridículo. Si la cantidad no influyera sobre el precio, la demanda de una mercancía sería infinita. Si yo estoy dispuesto a intercambiar 10 guitarras por un piano, seguiré estándolo cuando tenga sólo diez guitarras y ya 100 pianos. Ello significa que cada individuo terminaría acumulando aquella mercancía que más valora (aquellos para los que tocar la guitarra fuera su fin prioritario, acumularían millones y millones de guitarras). Así, los intercambios terminarían y la división del trabajo desaparecería. Pero, sobre todo, es rídiculo en términos teóricos. Decir que la cantidad no influye en el precio, como ya hemos visto antes, significa señalar que el valor de uso (utilidad) es irrelevante en la determinación del precio. Los seres humanos no actúan sino que son gobernados por los coeficientes.

Segundo, el reto que lanza Guerrero es irreal y simplista. Que el mercado tienda a ofrecer precios iguales para las mercancías simplemente se sigue del arbitraje. Pero previo a ese arbitraje -que da lugar a suculentos beneficios empresariales- sí se produce un diferencial de precios. Por ello mismo, el coeficiente no expresa nada, sino simplemente una relación de intercambio. El precio no subsume características de los objetos, sino de la mente de los sujetos. Por ello, son las valoraciones subjetivas las que gobiernan los coeficientes y no al revés. Que yo intercambie un piano por diez guitarras simplemente expresa que valoro más (no igual) las diez guitarras que mi piano, esto es, que las guitarras se dirigen hacia fines más elevados que el piano.

El "misterio" de la propiedad común a ambas mercancías que busca Guerrero no es tal. Si los precios se expresan en oro, o en euros, la propiedad común a ambos bienes es el dinero. 1000/100=10. ¿Qué expresa el coeficiente de 10? ¿Cuál es la propiedad común que permite dividirlos? Su expresión en la misma UNIDAD monetaria (aunque hoy no tocaremos este tema, si que conviene para el próximo post tener presente la palabra "unidad"). Si multiplico el coeficiente 10 por 100, me da el precio del piano: la propiedad común es el dinero.

Pero, ¿cuál es la propiedad común en los intercambios directos, esto es, en una sociedad sin dinero? ¿Cómo puede ser que divida un piano entre diez guitarras? ¿Cuál es su esencia? En este caso, puedo dividir 10 entre 1 porque expreso guitarras y pianos en relaciones numéricas. 10 a 1, significa eso, 10 es el resultado de sumar 10 veces uno. Por lo tanto, si multiplico una guitarra por 10 me da como resultado una de las partes del intercambio que YA se ha realizado (es decir, las diez guitarras cambiadas por "un" piano).

Sin embargo, ambos procedimientos tiene poco de objetividad. Las unidades son también subjetivas y definidas por la mente del sujeto. Todo el mundo ve una guitarra y no millones de moléculas. Todo el mundo ve un carton de leche y no 1000 ml de leche. Sin embargo, si el sujeto necesitara 500 mililitros de leche (por ejemplo para un experimento) su "unidad" marginal no sería el cartón, sino 500 mililitros de leche. En otras palabras, hacemos abstracción y operamos con números, esa es la propiedad común que nos permite dividir guitarras por pianos y ordenadores por vacas. (Marx diría que operamos con trabajo "en abstracto" pero como veremos en el próximo post esto simplemente no existe).

Hasta aquí la crítica a la igualdad de las mercancías y a sus coeficientes. En el próximo post analizaremos el tercer punto de la primera parte del post de Guerrero, que consiste en ofrecer tres argumentos (empírico, lógico y teórico-histórico) para probar la teoría del valor trabajo. Como veremos, y como ya hemos visto, todo carece por completo de sentido.

14 de Septiembre de 2005

Buenas, torpes y engañosas intenciones

Que Bush proponga una medida liberal en el seno de la burocracia mundial debería, cuando menos, alertarnos. Hay muchas maneras de combatir el intervencionismo, la pobreza y las injusticias, pero no suelen tener lugar en la celebración del epicentro del intervencionismo, la pobreza y la injusticia.

Según Bush su país "está preparado para eliminar todos los aranceles comerciales, subsidios y otras barreras al libre flujo de bienes y servicios, si otras naciones hacen lo mismo". Bravo, celebro que el GOP abandone, en apariencia, su deje hamiltoniano; o más bien lo celebraría en caso de que así fuera. Puede que algunos pongan el acento en la eliminación de los aranceles y los subsidios (no es para menos). Sin embargo, la declaración, más allá de la habitual verborrea política, me resulta del todo vacía por dos motivos.

El primero y principal, obviamente, es la coletilla final: si otras naciones hacen lo mismo. Otra forma de plantearlo sería "si Llamazares se vuelve liberal", "si los asnos cabalgan a los hombres" o "si se encuentra una briza de verdad en la obra de Keynes"; es decir, jamás.

Bush se apoya así en la típica falacia proteccionista en la que también cayó, en su momento, Aleix Vidal Quadras: es decir la eliminación de barreras tarifarias no sirve de nada si en paralelo se levantan otras no tarifarias cuyos efectos inhibidores son similares. Este error me parece especialmente nocivo porque traslada la atención del consumidor al empresario; la ciencia económica explica cómo toda la actividad productiva se estructura para satisfacer a los consumidores (soberanía del consumidor), sin embargo la excusa de que "no podemos abrir nuestras fronteras mientras otros no las abran", consiste en suponer que los principales beneficiarios del libre comercio son los empresarios. Falso: como siempre, los auténticos beneficiarios del proceso son los consumidores nacionales, quienes pueden adquirir productos de mayor calidad a precios más reducidos (lo que, a su vez, les permite ahorrar un dinero que puede destinar a usos varios).

Y es que, no olvidemos jamás que si las importaciones "invaden" un país y si los empresarios extranjeros se están "forrando" con la apertura de las fronteras ello se debe únicamente a que los consumidores están comprando VOLUNTARIAMENTE y esa compra voluntaria se plasma en una mayor y mejor satisfacción de sus necesidades. En otras palabras, por mucha apertura comercial que haya, si los consumidores no son convenientemente satisfechos por los productores extranjeros, éstos no obtendrán ningún beneficio.

Bush no debe cancelar todos los aranceles para conseguir enriquecer al Tercer Mundo, sino para enriquecer a su propia sociedad, a sus propios ciudadanos. Que las otras naciones se autoflagelen no debe llevarnos a hacer lo mismo. Tal y como inquieren a los niños pequeños, "si todos se tiran por un pozo, ¿tú detrás?"

Pero, además, hay un segundo elemento que me lleva a pensar que el discurso de Bush es del todo demagógico. En lugar de decir que EEUU "está dispuesto" afirma que "está preparado". Asumo la dificultad de la traducción, propia de la ambigüedad calculada de la expresión "is ready to"; sin embargo, del contexto "eliminar los aranceles es bueno si..." me parece más adecuado entender que Bush está hablando de una "preparación económica". Destacar este punto no resulta en absoluto baladí, pues esconde otra de las grandes falacias del proteccionismo (y, precisamente, es una falacia que tiene a EEUU como su principal exponente y practicante), esto es, que el libre comercio sólo es positivo cuando se alcanza un cierto grado de "madurez" (o preparación) económica. En caso contrario, las industrias nacientes serían arrasadas por la feroz competencia extranjera. Así, el libre comercio se presenta como positivo para exportar, pero no para importar (el pretexto típicamente mercantilista del juego de suma cero)

¿Está dando Bush apoyo "intelectual" a semejante argumento? En ese caso, su apertura comercial se quedaría en un quiero-y-no-puedo (o más bien en un puedo-y-no-quiero), en tanto nadie puede esperar que las "otras naciones" subdesarrolladas hagan lo mismo si el libre comercio les resulta perjudicial. Un brindis al Sol en el centro de la oscuridad liberal.

Si de verdad cree Bush en el libre comercio y quiere ayudar a las sociedades pobres lo tiene muy fácil: que mañana mismo anuncie la eliminación de todos los aranceles y las subvenciones unilateralmente. No es necesario ir a remolque de otros países, y mucho menos ir a remolque dándoles excusas para que se despeñen. Esto no es libre comercio, sino retórica neoliberal que tan poco nos sirve y tanto daño nos hace.

9 de Septiembre de 2005

Más alusiones

Prosigue Lord Acton despotricando sobre el anarcocapitalismo. En su habitual mezquindad me acusa de lanzarle una retahíla de insultos. Parece que no se haya dado cuenta de que lleva varios posts tildando a los anarcocapitalistas de nazis. De nuevo, cómo no, repite en este post: Para ampliar sus conocimientos sobre los totalitarismos le recomiendo vivamente "El Libro Negro del Comunismo"; el Mein Kampf doy por supuesto que ya lo ha leído.

Doy por supuesto que no sabe qué es el anarcocapitalismo (más bien usted lo deja bien claro en sus posts). Lo que ya no sé es si sabe qué es el nacional-socialismo. En tanto socialismo, supongo que sí.

Liberalismo: utilitarismo y iusnaturalismo

Obviando la primera parte de la definición marañoniana del liberalismo (qué básicamente coincide con la de Ruiz Gallardón: "liberal es saber escuchar"), la segunda me parece totalmente adecuada. No son los fines los que justifican el medio, sino los medios los que conceden legitimidad al fin. De ahí que dijera que no hay eficiencia sin ética. La eficiencia expresa una relación tecnológica entre los medios y el fin; sin embargo, la falta de ética de los medios da lugar a la violación de los fines ajenos y, por tanto, la eficiencia de unos explota y destierra la de otros. Un intercambio es eficiente; un expolio sólo es eficiente para una de las partes en detrimento de la otra, por tanto no puede calificarse la acción del "robo", per se, como eficiente.

Esto es algo que, por supuesto, Lord Acton no ha sido capaz de entender. Parece ser que resulta más sencillo manipular y sesgar los textos. Cuando yo digo que mi argumentación del agua es utilitarista, ello se refiere a que presupone -con error o sin él- que el "consumo de agua" es un medio ético (en mi opinión el consumo procedente de un robo no lo es, pero ese es otro debate) y, por tanto, la discusión se desplaza a qué relaciones tecnológicas (matizo: relación tecnológica se refiere a la combinación de medios para alcanzar un fin, entre ellos la dirección empresarial o el sistema de propiedad, no tiene nada que ver con una idea científica de la tecnología) son más "eficientes" para garantizar ese consumo. Y, por tanto, mi respuesta es que la propiedad privada.

Sobre el relativismo al que dice Lord Acton que nos adscribimos, me gustaría que citara dónde lo hacemos. Me cuesta conciliar la acusación de que somos iusnaturalistas con la de que somos relativistas; no sólo eso, en el caso de un humilde admirador del tratamiento del tema por Joseph Ratzinger, me cuesta todavía más digerir ese calificativo. Pero todo es posible en las grandes argumentaciones de nuestro autor sobre el anarcocapitalismo, que se caracterizan por creer que Rothbard ES el anarcocapitalismo.

De hecho, este simplismo -derivado de las prisas por querer criticar una corriente liberal sin haber leído nada acerca de ella- alcanza límites exagerados cuando Lord Acton me acusa de anti-anarcocapitalista por decir que mi tratamiento del agua es utilitarista. No, si al final va a resultar que no es usted un anarco-capitalista: es un economista utilitarista, uno de esos que tanto critica Rothbard.

¿Conocerá Lord Acton a David Friedman, anarcocapitalista y utilitarista? No sé para qué pregunto, habida cuenta de que sólo ha leído algunas partes de UN libro de Rothbard y se permite el gusto de generalizar.

Y claro, cuando le critico esa pueril generalización, se molesta: Me hago cargo además que lo que más daño ha hecho a su ideología doctrinaria, no es mi respetuoso post sobre el agua, sino las citas textuales de Rothbard. Ya pedía yo disculpas por mis comentarios jocosos y salidos de tono, aunque ninguno se refería a su persona (sólo criticaba al COLECTIVO, lo cual veo que le saca de quicio), y es que el asesinato de niños inocentes por la indolencia o la voluntad libertaria de Rothbard me saca de mis casillas.

Lo que me molesta es que se ataque a todo el anarcocapitalismo basándose en un solo autor. No ya por la ignorancia que destile conocer SOLO un autor de la doctrina que se pretende refutar, sino porque ese autor, a pesar de la gran consideración que tiene, es criticado en numerosos casos. Algunos de los más polémicos, precisamente, son el de la justicia retributiva y el aborto (incluso libertarios amigos íntimos de Rothbard y que se consideran rothbardianos hasta la médula discrepan en la cuestión del aborto). Pero por supuesto Lord Acton no sabe todo esto ni le interesa. La cuestión es criticar a TODO el anarcocapitalismo a partir de cuatro párrafos de Rothbard.

Lo curioso es que, personalmente, soy ancap y coincido en buena parte de la crítica que Lord Acton hace a Rothbard (obviando la zafiedad de sus calificativos, claro está). Pero, cuidado, en tanto que anarcocapitalista soy parte de los argumentos rothbardianos, de todos ellos. Incluso de los que no comulgue.

Por cierto, Albert Esplugas sí es albert_esplugas (me sorprende su poder de deducción; jamás hubiera podido alcanzar cotas de conocimiento tan elevadas), quien dejó un comentario ofendido en su bitácora, precisamente, por sus insultos a todos los ancaps basado en la más supina ignorancia de sus presupuestos.

Es más, el artículo de Esplugas se lo recomendé por dos motivos. A) Muestra que el anarcocapitalismo, a diferencia de lo que usted cree y quiere hacer creer, no es una exégesis de la Ética de la Libertad (qué le vamos a hacer, tendrá que seguir practicando el doloroso arte de la lectura) y b) Usted nos acusó de divulgar unas ideas totalitarias (por ejemplo, el derecho al aborto), cuando, precisamente, la única divulgación que ha habido sobre el tema ha sido la de la falsedad del derecho al aborto (concretamente en la Ilustración Liberal). Por tanto, ¿en qué queda su prodigiosa teoría conspirativa? En lo de siempre, onanismos mentales.

Me pregunta luego acerca de si Santo Tomás consideraría a Rothbard virtuoso en la cuestión del aborto. Obviamente no. Ni Esplugas, ni yo, ni muchos ancaps. Pero puede seguir diciendo que somos peores que las alimañas. A usted le reconforta el vacía mental; como ya le dije, un "estado de necesidad" que no criticaré.

Y todo ello sin menospreciar el colosal trabajo que ha hecho Rothbard en numerosos campos (ético, económico, histórico, religioso, filosófico, metodológico, político y social). Que los genios se equivoquen es normal, sin que ello les quite un ápice de su importancia. ¿O es que acaso usted cree que el profesor Huerta de Soto no discrepa de Rothbard? Sin embargo, no le impide calificarlo como el defensor más enérgico y coherente de la libertad.

Público y privado

No voy a dedicar un gran espacio a este epígrafe. Simplemente no deja de sorprenderme la torpeza de Lord Acton en el siguiente párrafo por ir en contra de la razón y la historia: Ahora bien, a nadie se le escapa que el progreso técnico, el aumento del nivel de vida y de población han cambiado sustancialmente las necesidades, convirtiendo el agua en un bien de primera necesidad. No sólo para la agricultura, sino para la industria y el consumo humano, lo que ha propiciado un proceso de publificación. Es decir es el propio desarrollo económico el que va a impulsar las políticas públicas en el marco del agua, facilitando un proceso de demanialización de determinados bienes entre ellos las aguas continentales.